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sábado, 1 de marzo de 2014

REALIDADES Y FICCIONES
–Revista Literaria–
Nº 16 – Marzo de 2014 – Año V
ISSN 2250-4281
Inscripción gratuita como LECTOR
si escribe a zab_he@hotmail.com
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral).
Borges y sus espejos
por Lucero Balcázar

Sumario:

Poesía
• La inteligencia poética de Gabriel Jiménez. (Luis Benítez)

Narrativa
• Cuaderno de Chihuahua o las vidas paralelas del septentrión, de Jeannette L. Clariond. (Reneé Acosta)
• Desenmascarar la conciencia. Ödön von Horváth, “El eterno pequeñoburgués. Novela edificante en tres partes”. Reseña. (Anna Rossell)
• Un viaje al universo marino de Edgar Allan Poe. (Marcos Rodrigo Ramos)

Ensayo
• La creación literaria una forma personal de comunicación. (Pablo Cassi)

Y algo más…
• Vidas de Novela: Introducción. 1. García Márquez en N.Y.C. 2. Amorim, Borges y el fútbol. (Texto: Daniel Abelenda. Ilustración: Lucero Balcázar)

Nuevos colaboradores de Realidades y Ficciones (currículos):
• Reneé Acosta, Chihuahua (Chihuahua), México
• Marcos Rodrigo Ramos, Moreno (Pcia. Buenos Aires), Argentina
• Pablo Cassi, San Felipe (V Región), Chile
• Daniel Abelenda, Carmelo (Colonia), Uruguay
• Lucero Balcázar, México DF, México



Poesía

LA INTELIGENCIA POÉTICA DE GABRIEL JIMÉNEZ
Luis Benítez ©

Nacido en 1982 en la provincia de Mendoza, Argentina, el poeta Gabriel Jiménez cursó el profesorado de Filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo y se desempeña actualmente como docente en contextos de encierro. Publicó en 2009 el volumen titulado “Vidrio Molido” (Ed. Carbónico).
Gabriel Jiménez
Esta segunda entrega del autor, “Coso”, publicada por Ediciones del Dock (Buenos Aires, 2013) lo ubica señaladamente en una región de la poesía argentina que evita la grandilocuencia –uno de los grandes males del género local– en busca de lo cargado de sentido por sí mismo. Como lo están sus personajes y las situaciones por las que atraviesan, signadas por la pertenencia a un ámbito bien determinado, el microcosmos barrial, el gueto suburbano, en definitiva, la frontera tanto ciudadana como lingüística, allí donde la vida real y la diégesis del poema conforman una encrucijada engañosamente sencilla.
La poesía de Jiménez no cede al intento de la representación, sino que emplea a sus criaturas marginales, los hechos cotidianos, las minúsculas aventuras y peripecias de todos los días, para construir una densa metáfora: el “condado”, esa porción de sufrimiento, deseo, postergación y también de afiladas alegrías donde habita el “coso”, nuestro sujeto narrante. Con atrapante efectividad, Jiménez edifica en nuestras imaginaciones ese “condado”, la denominación metafórica de Las Heras, en Mendoza, donde el “coso” y otros personajes viven, sufren, persiguen o son perseguidos por sus ilusiones, sus sueños y desencantos; allí donde esperan los tantos “qué sin por qué” que alientan el deseo o el desengaño. Como William Faulkner, Jiménez es un creador de regiones que, desde lo real, se proyectan en la imaginación y terminan siendo más verosímiles (o así nos lo hace desear el talento del autor) para nosotros que la misma realidad que nos rodea y nos es propia.
La mímesis de su escritura no es una más o menos feliz, por tramos, imitación de las expresiones y el sentir de sus anónimos héroes de todos los días, sino la manifestación en carne viva de aquello que muchos no saben cómo expresar, aunque lo sientan. Se vale Jiménez para ello de un lenguaje dotado de una notable precisión, siempre al borde del sarcasmo, aunque sus abundantes ironías destilan casi invariablemente una oculta ternura ante los hechos o las personalidades de las que da abundante cuenta en este poemario breve pero hondo. Surge así una construcción entrañable, donde paisaje suburbano y gentes se mixturan, para dar un corpus cargado de sentido, al modo del mejor minimalismo –el de los poemas finales de Raymond Carver– cuando en su país, la Argentina, tantos intentos por alcanzar un registro igual en la década de los ’90 no prosperaron. La clave –en Carver y en Jiménez– posiblemente se relacione con el mundo de la experiencia sensorial, la capacidad de comprender el sentido de lo vivido, más que con una pretendida y pretenciosa “poesía de la experiencia”; en definitiva, lo que distingue tanto al gran autor norteamericano como al joven poeta mendocino es la presencia de la inteligencia poética, una facultad rara si las hay y la cual da algunos de sus mejores resultados en este volumen que nos ocupa. “Coso” así se inscribe entre los mejores logros de esta corriente poética brindados por los poetas argentinos de las últimas generaciones. Indudablemente, Gabriel Jiménez es un autor para recomendar y mejor todavía, para seguir atentamente libro tras libro.


Poemas de Gabriel Jiménez

(de “Vidrio Molido”, 2009)

2. fuerza de gravedad

me sentaría
con el gato
en la medianera
a mirar
cómo se nos cae la noche
pero dudo
que las leyes de la física
y la medianera
soporten

al gato

la noche,


………………………...y mi caída eterna
………………………...de todos los días
…………………………a esta hora


4.

en casa
donde me crié
ya no hay lugar
donde quedarme.

cuando me fui
pintaron la pieza
cambiaron los muebles,
pusieron otro hijo ahí.

dicen que pase
cuando quiera,
a verlos,
todo está bien

ellos me quieren
pero no saben
cómo expresarlo,
del todo bien.


---§---


(de “Coso”, 2013)

Siempre
no sabés cómo hablar
la rutina
te gastó la palabra
Mercedes Parral *
Llego a casa
a revolver la tele
y ver cómo se apaga el día,
las rayas a colores dicen
que todo terminó
o peor aún
que está por empezar
de nuevo.

A veces
todavía es noche
y afuera los sonidos frágiles,
el primer colectivo
desata la mañana
y el rugir de la tormenta
que está por venir
de nuevo.

Se asoma
la somnolencia,
esa presencia del sol
esa parada del micro
y un bostezo que mira
la imagen de un arma
cargada de horas que empiezan a gritar
de nuevo.

* de “Rutina”, inédito.



Cebar
la cruel inocencia /
abierta en la morgue del recuerdo /
vivifica la razón
Tony Zalazar **
Los mates tibios lavan la tarde
cebo mil veces la misma historia
y la dejo secar al sol
para volverla a tomar.

El agua deja ir al calor,
el sol se esconde en la pared,
y la chica de la historia
me revuelve el mate.

Sin estar
causa / que se me laven las tardes,
si estuviera
creo / me quemaría los labios.

El problema
de acostumbrase a cebar
es que no te sigan la ronda.

** “Quherencia”, Ananga Ranga Ediciones, Corrientes 2009.



Narrativa

CUADERNO DE CHIHUAHUA O LAS VIDAS PARALELAS DEL SEPTENTRIÓN
Reneé Acosta ©

Al encontrarme con una de las grandes obras de la poesía canadiense contemporánea, La belleza del esposo de Anne Carson, me acerqué también a una de las técnicas más complejas de la poesía actual: el distanciamiento. El distanciamiento es para la poesía lo que la interiorización del personaje en la técnica Stanislavski para la actuación. Ambas son técnicas que procuran llegar a la verdad, y en este sentido son un ethos platónico donde lo bello, lo bueno y lo verdadero, redundan y confluyen en el círculo de la triada socrática. Tanto en el libro de Carson, como en el presente libro encontramos esa similitud. Primer paralelismo o coincidencia. Hasta aquí debo decir que no creo en las coincidencias, pues las coincidencias son índices de los factores del caos. Más bien creo en un caosmos, una especie de caos cuyo trasfondo es el cosmos.
Regresando al tema del distanciamiento debo decir que dicha técnica consiste en la exploración interna de los recuerdos, con la debida distancia del tiempo que ha pasado en la vida del autor, para poder hablar del hecho con la plenitud del detalle, que el estar inmerso en la emoción no lo hace posible. Esta es una poesía que nace si bien del desgarramiento, desde la cicatrización. Otra cosa importante es que ambas obras poéticas, porque Cuaderno de Chihuahua es en realidad una especie de poema, son autobiográficas. En este libro Jeannette Clariond rompe las barreras de los límites interiores que restringen la voz poética. El reto es monumental. Quien haya intentado en algún momento de su vida escribir un texto autobiográfico, sin las máscaras del verso, sin el maquillaje moral de los hechos, con las agallas de mostrarse y desnudarse en el escrito, sabe a la perfección de lo que estoy hablando.
Cuaderno de Chihuahua es la historia de Jeannette y de la familia desde su llegada a Chihuahua donde se instalaron refugiados, en búsqueda de una vida, de oportunidades en América. Así nos platica Jeannette que llegaron sus abuelos Pablo Ayub y María Shallhoup, que tuvieron a Esther, Jorge, Lillian y Olga, su madre. Ellos tuvieron que enfrentar el exilio, la lejanía, la nostalgia por la tierra, pero también la matanza de inmigrantes árabes por las fuerzas Villistas, que hicieran lo mismo con los inmigrantes chinos. Nos cuenta Jeannette:
“En 1913-1914 Pancho Villa, elegido gobernador interino, decreta la salida de chinos y árabes del territorio chihuahuense. Se tiene registro de la muerte de gran parte de los inmigrantes chinos a manos de los villistas. Recuerdo que en casa de mis abuelos durante años se habló de la matanza de Torreón. En Chihuahua se quedó un grupo de sobrevivientes dedicados al menudeo, con pequeños establecimientos junto al mercado de la calle Bolivar. Cuando íbamos a comprar chamoys, sonreían con una risita cortada oculta tras el ábaco que utilizaban en lugar de la caja registradora. De su expulsión se hablaba por todas partes. En cambio, los árabes callaban su destierro como si se tratara de algo ocurrido en un sitio irreal: no lo podían nombrar, ni recordar, ni soñar. El destierro llenó de terror todos los muros, el miedo se percibía en el rincón de cada casa, en los gestos, en los ojos de los inmigrantes de Chihuahua. Fue así como se conformó la colonia libanesa.” (p. 30)
Hoy en día las casas de Chihuahua tienen otra vez ese miedo en las paredes, ahora por otra lucha, por otra guerra que nadie pidió.
Entre los aromas, los paisajes, los sabores de la casa, de la cocina libanesa, de los dulces, Jeannette se apodera del distanciamiento y nos habla de todos los aspectos familiares que, en parte nos recuerdan a la familia Buendía, otro tanto a los recovecos de una tierra laberíntica como en Pedro Páramo; pero que sobre todo es el testimonio cercano y verídico de la infancia de la autora, desde el distanciamiento, donde el dolor se torna una nostalgia estética, no vigorosa, no lastimera, no compungida. Eso es lo que tiene que lograr el distanciamiento. Toda gran obra autobiográfica debe lograr que el público se identifique con los personajes, en este caso reales, de la historia. Cuando la obra se torna en exceso dolorosa pierde la atención del público. Éste no es el caso de la obra creado desde el distanciamiento, por el contrario nos hace encontrar la compatibilidad, la empatía, las coincidencias que nos hermanan con los personajes, aunque nuestras vidas sean tan diferentes existen esos paralelismos, que las hacen vidas paralelas. Así nos va mostrando la autora los retratos familiares, la tía Jeannette. Decía Gastón Bachelard que todos somos un cúmulo de nuestras afecciones, los pequeños detalles de las cosas que nos gustan o que nos desagradan, todo eso nos va dando nuestro rostro. Dice Jeannette:
“Así es el tiempo, los años, la vida, todo lo que conforma tu historia, todo en sucesiones fluctuantes. En poesía no existen el tiempo ni la distancia. El espacio es la palabra que empieza a subir lentamente desde la planta de los pies, buscando su propia alma.” (p. 34)
Cuaderno de Chihuahua nos transporta en el tiempo a otras épocas, a otras décadas. Nos hace un recorrido de la mano por los tiempos de la época Villista, los años ‘50, los años ‘60, los ‘70. A través de los ojos de la familia Lozano Ayub vemos el día de la muerte de John F. Kennedy, los espacios familiares, las costumbres, los hábitos arraigados, la formación religiosa. Y si bien dice Jeannette en el libro que la gente confunde religión con religiosidad, también se confunde y se conoce menos el acto del religare, religar con algo, es compatibilizar con ello, es sentirte cercano, empático y compartes con eso un estrecho lazo invisible. Así veo yo el aspecto religioso de la vida de Jeannette, como un religare con la religiosidad y por tanto, una manera personal e íntima de vivir la religión. Las figuras religiosas aparecen a lo largo del libro, desde los espacios cotidianos de la casa, hasta en la iglesia de monjas en Estados Unidos donde estuvo internada. En ese sentido es el testimonio de una exiliada que más allá de las fronteras de México y Estados Unidos, decide un exilio interior, y es desde ese exilio que nos narra la historia de su familia:
“El exilio había hecho de ellos, los Ayub incluidos, personas capaces de desprenderse de sus cosas y de sí mismas, lo que no les impedía ser comerciantes natos, conversadores brillantes de mirada profunda, capaces de reconocer al hombre detrás de los vicios del cliente. Ya para esos años el pozo había echado su raíz. La colonia libanesa solía frecuentar la Mina 1004 para intercambiar periódicos y noticias sobre el Líbano, tomar café turco, y que Jeannette les leyera la taza. Ángel, Munira, Diana, Odette, las familias Asad, Azar, Salomón, Meouchi, Nahás, Moisés, Elías…” (p 38)
El libro es un recorrido por la historia de Chihuahua desde las memorias recónditas, pero sobre todo desde la honestidad de desnudar el recuerdo, que es tal vez uno de los logros más importantes y que hacen de esta obra un testimonio y un rescate cultural de los inicios de la colonia Libanesa de Chihuahua. Por una parte. Por otra parte el nivel del lenguaje en las descripciones de todo el libro es de una alta calidad poética, que va asombrándonos, rompiéndonos, descubriéndonos a fondo la personalidad, los dolores, el aislamiento del exilio personal y del exilio geográfico, en una constante y sostenida delicadeza lingüística que hace al libro verdaderamente deleitable en todo momento. Y hay que subrayar que la dificultad que se presenta en principio, de manejar los recuerdos, de externarlos desde la memoria profunda, de llevarlos a lograr la identificación con los conflictos personales de cada uno de los personajes que aquí se muestran, hacen que el libro suelte raíces en los corazones de los lectores.
Decía que una verdadera biografía, el verdadero arte autobiográfico se da desde el distanciamiento, que aquí es tan palpable; pero también tiene la virtud de lograr la identificación entre las vidas que aquí se muestran y la vida personal del lector, que puede ser tan diferente como distante es el tiempo y las décadas que recorre el libro, y sin embargo lograr que exista el religare, la compatibilidad, la semejanza. Al darnos un vistazo a los conflictos internos de Olga, de Jorge, de Jeannette, de Yamille, etc. nos muestra no solamente el linaje de su estirpe con gran orgullo, sino también nos permite identificarnos con ellos, sentirlos en la comisura del rabillo del ojo y verlos reales, palpables, latentes.
El rescate que representa a través de la memoria, de los comercios antiguos de Chihuahua, que fueron fundados por los colonizadores libaneses, rescata a su vez la mirada sobre el Chihuahua de antaño, ese Chihuahua que se desdibuja en las fotografías sepias y a blanco y negro, donde la tristeza de los años de la revolución y la persecución que sufrieron de los villistas, se convierte al paso de las décadas en una prominente generación de negociantes y de familias que le han dado forma a la sociedad chihuahuense. Baste decir que los apellidos que aquí menciona Jeannette forman parte de la base de la sociedad y que sus descendientes, de una forma u otra, han dejado huella en la historia de Chihuahua. Un Chihuahua de antaño que cada vez se ve más desdibujado, que ha sufrido tantos cambios, que ahora es difícil reconocerle.
Chihuahua es una tierra que ha cedido al daño del tiempo y que ha dejado caer las antiguas casonas del centro de la ciudad, no teniendo mayor alternativa que modernizarse, como si en la obra pública de relumbrón se pudiera maquillar la miseria de la ignorancia y la indiferencia histórica a sus monumentos arquitectónicos, hoy cada vez más y más en desaparición. Seguramente si visita próximamente la ciudad de Chihuahua, Jeannette, descubrirá un túnel que atraviesa la calle principal del centro de la ciudad. Esos cambios, con pretensión de vanguardia y modernidad, no pueden sostener por sí mismos la desazón comunal y colectiva que los chihuahuenses tienen al enfrentar la violencia.
Las calles de Chihuahua huelen a miedo, los balazos, las sirenas, los gritos, las notas de alarma, todo eso que es el Chihuahua actual permanece al margen de Cuaderno de Chihuahua y gracias a Dios que así es. Pues en este libro podemos volver a respirar la memoria del recuerdo, su olor a gardenche y a huizaches, sus desiertos con aroma de gobernadora, sus paisajes terrestres llenos de cerros rojizos bajo la luz de los atardeceres, sus palomas del parque, sus árboles del parque Lerdo. Esto es precisamente lo que hace un deleite de Cuaderno de Chihuahua porque nos devuelve un Chihuahua que ya jamás volverá. El aire tranquilo, sereno y sencillo de la ciudad es una atmósfera constante en todo el libro y esto nos conmueve.
Debo decir que en este libro Jeannette nos regala un viaje de regreso en el tiempo, donde nos comparte todo lo que significa Chihuahua para Jeannette, pero también hace falta decir que es lo que significa Jeannette para Chihuahua. Si bien Jeannette ha pasado gran parte de su vida fuera de Chihuahua, ella no olvida sus orígenes y debo decir que es hoy por hoy, la escritora más importante de Chihuahua dentro de las letras nacionales e internacionales. No es para menos, detrás de cada línea destellante que podemos leer en este libro, está la experiencia y el dominio de la palabra, donde se hace notoria la formación de Jeannette. Autores como Harold Bloom y Gonzalo Rojas han sido sus maestros. Jeannette ha obtenido los premios y becas más importantes a nivel nacional e internacional y con toda la seguridad puedo decirles que es la escritora más importante de todo Chihuahua, esto incluyendo a los autores varones a quien ella ha superado en muchos sentidos. Es que si bien la literatura de Chihuahua producida a partir de la segunda mitad del siglo XX se hace ya merecedora de llamarse “literatura chihuahuense”, en el aspecto de género todavía se desluce la labor de las escritoras y se distingue también una sintomatología en la falta de profesionalización literaria de la mujer. Es por esto que Jeannette es la primera mujer poeta de nuestro Estado en destacar en las grandes esferas literarias del país y más allá de las fronteras. Y esto no es todo. En Jeannette se da todo un fenómeno literario para Chihuahua, en lo cual también debe considerarse por un lado la formación familiar y por el otro el grado de profesionalización que ha alcanzado, y que la hacen una escritora e intelectual completa. En su obra encontramos poesía, ensayo, traducción. Su condición de políglota como bien lo dice en el libro: “todos los libaneses somos políglotas”, le ha abierto las puertas a las grandes esferas con proyectos tan importantes como fue la traducción de Zodiaco Negro de Charles Wright con prólogo de Harold Bloom. Esto, señoras y señores, es un hecho inédito en las letras femeninas de Chihuahua. Es por esto que Jeannette es la carta más fuerte con la cual cuentan las letras femeninas de principio de siglo XXI y que es un gran orgullo para mí comentar este libro, que estoy segura será en el futuro un libro tan citado y recurrido en los estudios literarios e históricos de Chihuahua como lo es la obra de Nellie Campobello o Martín Luis Guzmán.
Monterrey 19 de agosto de 2013.


JEANNETTE L. CLARIOND

Poeta y traductora. Ha dedicado gran parte de su ejercicio profesional al estudio del pensamiento y la religión en México antiguo, tema sobre el que ha impartido seminarios y conferencias dentro y fuera de su país. Sus artículos, poemas y traducciones han sido publicados en diarios como El País, ABC, Reforma, El Norte, Dallas News, New York Times y en periódicos del Líbano y Trípoli. Recientemente fue invitada a leer su obra y traducciones en la Biblioteca del Congreso de Washington, Estados Unidos.
Formó parte del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, Centro Cultural Alfa, Consejo del Museo de Mina Nuevo León, Consejo del Museo de Historia Mexicana. Durante quince años colaboró en la revista Movimiento Actual, y actualmente forma parte del Consejo de la revista Animal Sospechoso.
Es fundadora de la Editorial Vaso Roto, que en 2003 publica sus primeros ejemplares: Los cuatro salmos de William Merwin y Cuerpo de amor, de Alda Merini.

Libros publicados
Mujer dando la espalda, Ediciones Castillo, Monterrey, 1991.
• Newaráriame, Editorial Cal y Arena, Universidad Autónoma de Chihuahua, 1993.
Desierta Memoria, Ediciones SiNombre, México, 1996. 2ª edición, Plaza y Janés Editores, Colección de Bolsillo, Barcelona, España, 2002.
Todo antes de la noche, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2003.
Amonites, Hotel Ambosmundos, México, 2004.
Siete Visiones, Coedición con Gonzalo Rojas, Edición de Víctor Ramírez, Barcelona, España, 2004.
Nombrar en Vano, Ed. CONARTE y Mantis Editores, Guadalajara, 2004.
Los momentos del agua, Editorial Polígrafa, Ed bilingüe, inglés-español, acompañada de la obra pictórica de Víctor Ramírez y texto introductorio de José Corredor Matheos, Barcelona, España, 2007.
• Los momentos del agua, Editorial Calamus, México D.F., 2007, con el apoyo de CONCULTA e INBA.
Desparramada luz, una antología de poesía de Nuevo León, en Braille, Fondo Editorial Nuevo León, 2009.
Leve sangre, Finalista del premio Cope de Perú, 2009, Pre-textos, 2010.
Cuaderno de Chihuahua, Fondo de Cultura Económica, 2013.

Traducciones:
Antología, de Roberto Carifi, Edición Papeles Privados, México D.F., 2000.
La Tierra Santa, de Alda Merini, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2001.
Zodiaco Negro, de Charles Wright, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2002.
Baladas no pagadas, de Alda Merini, Editorial La Poesía, señor hidalgo, Barcelona, España, 2005.
A una hora incierta, de Primo Levi, Editorial La Poesía, señor hidalgo, Barcelona, España, 2005.
Cuatro Salmos, de W. S. Merwin, Vaso Roto Ediciones, Barcelona, España, 2003, Reedición 2010.
Dulce como un pepinillo y limpio como un cerdito, de Carson McCullers, Editorial La Poesía, señor hidalgo, Barcelona, España, 2007.
Cuerpo de amor: Un encuentro con Jesús, de Alda Merini, Vaso Roto Ediciones, Barcelona, España, 2008.
Una breve historia de la sombra, de Charles Wright, DVD Ediciones, Barcelona, España, 2009.
Magnificat, de Alda Merini, Vaso Roto Ediciones, Barcelona, España, 2010.
La carne de los ángeles, de Alda Merini, Vaso Roto Ediciones, Barcelona, España, 2010.
El físico una noche fría explica, de William Wadsworth, Vaso Roto Ediciones, 2010.
Potrillo, de Charles Wright, traducción con Eduardo Zambrano, Vaso Roto Ediciones, 2010.
La escuela, de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía norteamericana contemporánea. Textos introductorios de Harold Bloom, traducción, edición y prólogo a cargo de la autora. Vaso Roto Ediciones, 2011.
Perdurable compañía, de W.S. Merwin, Vaso Roto Ediciones, 2012.

En preparación:
Esta ciencia mía: una antología, de Alda Merini (1947-2010).

En edición:
Decreation, de Anne Carson.
Scar Tissue, de Charles Wright.

Ha obtenido los siguientes reconocimientos:
Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde (1992).
Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (1996).
Premio Nacional de Poesía Gonzalo Rojas (2001).
Beca Rockefeller - CONACULTA (2000).
Beca para traductores: Banff Centre for the Arts (2004).
Finalista de la Bienal de Poesía COPE de Perú. (2008).

Parte de su obra se ha traducido al inglés, francés, rumano, italiano, portugués y árabe. Sus poemas están recogidos en diversas antologías de México, España, Brasil, Italia y Francia.

Entre otras actividades, organizó para el Fórum Universal de las Culturas de Monterrey el programa “Poetas en el Fórum”. Es editora y creadora del Espacio para la Poesía en Monterrey, y quien incentivó la Primera Convocatoria de Poesía en Braille que se lleva a cabo anualmente en México. Uno de sus libros, Los momentos del agua, lo trabajó durante dos años con un ciego y fue publicado en español y braille. Este libro se presentó en el Museo de Amberes, donde parte de su obra se tradujo al holandés.
Es directora y miembro fundador de Vaso Roto Ediciones. En el Parque Fundidora de Monterrey se creó un espacio para la poesía inaugurado por el nobel Derek Walcott, pensado para la difusión de la poesía y con el deseo de que Nuevo León cuente con un espacio donde los poetas puedan leer libremente sus textos. Vaso Roto está domiciliada en España y México y cuenta en su fondo con traducciones de voces tan diversas como esenciales: Andrea Zanzotto, cuya obra se reúne por vez primera en México casi en su totalidad. Vaso Popa, igualmente, traducido del serbio por vez primera en su integridad. Seamus Heany, Abbas Baydoun, Lee-Young Li, Charles Wright, Ha Jing, Ossip Mandelstam, Henrik Nordbrant, Anne Carson, Eduardo Lizalde, Clara Janés, Alda Merini, Antonella Anneda, Denise Levertov… son sólo algunas de las voces que han visto o están por ver la luz en esta editorial.



DESENMASCARAR LA CONCIENCIA

Anna Rossell ©

Ödön von Horváth, El eterno pequeñoburgués.
Novela edificante en tres partes.
Trad. de Isabel García Adánez
Marbot Ediciones, Barcelona, 2012, 218 páginas

Un acierto la publicación de esta novela de Ödön von Horváth (Fiume –hoy Rijeka–, 1901 / París, 1938), autor austrohúngaro de expresión alemana. Sobre todo porque es la pieza que le faltaba al lector español para disponer al completo de lo que nació como una trilogía, de la que El eterno pequeñoburgués, que vio la luz en 1930, es el primer volumen –el sello Espasa había publicado en 2001 y 2002 los otros dos: Juventud sin Dios y Un hijo de nuestro tiempo–. Horváth, que se dio a conocer en los años veinte del siglo pasado como prolífico dramaturgo, dejó sólo cuatro novelas, escritas en los últimos años de su vida, y nos legó con ellas en clave de ficción un documento del ascenso del nacionalsocialismo al poder.
Ödön von Horváth
Horváth nunca se afilió a ningún partido político, pero simpatizaba con la izquierda y supo reconocer como pocos los síntomas sociales que propiciaron el caldo de cultivo en el que iba fraguando el nazismo. Él, que había cursado en Múnich estudios en sicología, literatura, teatro y arte, supo captar la psicología de la desclasada clase media emergente, que con su actitud haría posible el proyecto de Hitler. La obra de Horváth, en su conjunto, es una afilada crítica político-social de su tiempo a través de un amplísimo abanico de representantes de la pequeña burguesía. Sus personajes son individuos alienados, casi siempre pobres diablos sin conciencia ellos y seres indefensos ellas, atrapados bajo la opresora mano patriarcal a la que no consiguen sustraerse y a la que a menudo hacen el juego. Horváth, que conocía la obra Die AngestelltenLos asalariados–, del sociólogo Siegfried Kracauer, se propuso retratar a través de sus protagonistas, con ojo experto y aguda observación psicológica, una sociedad en la que podía medrar y medró cualquier política. A este fin adaptó un subgénero teatral ya existente, especialmente útil a su intención, el Volksstück –pieza de tendencia trivial y gusto popular con protagonistas de raigambre popular–, que él subvirtió, poniendo en boca de sus figuras lo que denominó el Bildungsjargon, una jerga pseudocultivada para desenmascarar la verdadera conciencia de los personajes. Nada de esto se echa en falta en El eterno pequeñoburgués. Ya el título es programático en su intención caracterizadora de un prototipo y el subtítulo, Novela edificante en tres partes, anuncia el registro irónicamente punzante y caricaturesco. Las que en principio estaban concebidas como tres historias independientes –la del señor Kobler, la de la señorita Pollinger y la del señor Reithofer– se nos presentan unidas en una para ofrecer al lector un espectro matizado de caracteres y subrayar el ademán generalizador. Se pierden en la traducción –como bien señala Isabel García en la introducción– las connotaciones que sugiere el sociolecto en que Horváth hacía hablar a sus personajes –elemento también esencial del Volksstück– y la que contiene la palabra alemana Spießer del título original –Der ewige Spießer–, que alude a una actitud más que a una clase social y que en español pudiera recoger mejor el término filisteo, pero la novela sigue conservando su fuerza y su voluntad de ácida delación. Horváth construye su crónica, que transcurre en 1929, principalmente sobre estos tres caracteres: el bobo y egoísta Kobler, vendedor de coches usados, estafador nato y arribista, que viaja a la exposición universal de Barcelona a la caza de alguna millonaria que lo mantenga, su amiga Pollinger, modista, que siguiendo su consejo se vuelve práctica y se hace prostituta, y el señor Reithofer, quien en un arranque de filantropía la devuelve a la vida honrada consiguiéndole por amiguismo un trabajo de costurera. La novela está escrita en un registro extremadamente hilarante de denuncia, los personajes, de trazo caricaturesco, son con todo a buen seguro más realistas de lo que a primera vista pudieran parecer. Del teatro del autor, que en España llegó a algunos escenarios en los ochenta, se han traducido Historias de los bosques de Viena, El divorcio de Fígaro (Cátedra, 2008), en español, y, en catalán, Amor, fe, esperança (Arola, 2007).



UN VIAJE AL UNIVERSO MARINO DE EDGAR ALLAN POE
Una mirada sobre Narración de Arthur Gordon Pyn
Marcos Rodrigo Ramos ©

“Uno de mis designios principales fue la máxima diversidad de temas, pensamiento y, sobre todo, tono y presentación. Si todos mis cuentos estuvieran incluidos en un gran volumen y los leyera como si se tratara de una obra ajena, lo que más me llamaría la atención sería su diversidad y variedad. Se sorprenderá usted si le digo que, con excepción de uno o dos de mis primeros relatos, no considero a ninguno de ellos mejor que otro. Hay gran variedad de clases y esas clases son más o menos valiosas; pero cada cuento es igualmente bueno en su clase.” [1] Así se expresaba Edgar Allan Poe acerca de sus cuentos.
En concordancia con lo dicho anteriormente, Julio Cortázar en su introducción a los Cuentos completos del autor, al que tradujo, sostiene que sus relatos se pueden clasificar en estas categorías generales de las cuales por cada una introduciremos un ejemplo:
1. Cuentos de terror (Ligeia)
2. Sobrenaturales (La máscara de la muerte roja)
3. Metafísicos (El coloquio de Monos y Una)
4. Analíticos (Los crímenes de la calle Morgue)
5. De anticipación y retrospección (Mellonta nauta)
6. De paisaje (La isla del hada)
7. Grotescos y satíricos (Hopfrog)
Pese a su gran variedad, los cuentos de terror constituyen su obra más conocida junto a los relatos de detectives que influyeron en autores posteriores como Arthur Conan Doyle, cuyo Sherlock Holmes está inspirado en el Auguste Dupin de Poe.
Su obra abarca también la poesía. Probablemente de no haber tenido que trabajar de periodista se hubiera dedicado en exclusiva a ese género en el que supo ser controvertido por sus colegas, de quienes recibió las peores críticas. En su ensayo El principio poético manifiesta que el objetivo de un poema es estético, su fin último es la belleza [2], dejando en claro que descreía de la poesía didáctica y alegórica; y que el poema no debía ser nunca producto de la pasión, aunque muchos autores como Cortázar sostienen que muchos de sus grandes poemas como El cuervo, Israfel, La ciudad en el mar y tantos otros nacen más de la pasión que de la razón.
Al descartar el didacticismo moralizante como objetivo de la obra de arte (tanto en cuento como en poesía), Poe la libera de criterios de verosimilitud externos y da rienda suelta a aquellos elementos fantásticos y formales que la configuran estéticamente.
También se dedicó al ensayo y a la crítica literaria, tarea esta última que le dio cierto prestigio. Elaboró su propia poética, su propia teoría de la literatura, que aparece diseñada en su obra crítica y en ensayos. Creía que el sentido en literatura discurre bajo la superficie expresa. Las obras con un sentido demasiado obvio, escribió, dejan de ser arte. Opinaba además que aquéllas debían ser breves y enfocadas a causar un efecto muy concreto, para lo cual el escritor debía calcular cada efecto e idea. En otro conocido ensayo sobre la materia, Filosofía de la composición, el escritor describe el método que siguió en la escritura de El cuervo, afirmando que fue dicho sistema tan frío el que utilizó. Muchas veces se ha cuestionado si esto es cierto, como manifestamos antes en los dichos de Cortázar.
Escribe en una nota periodística Jorge Luis Borges: “Poe indisolublemente pertenece a la historia de las letras occidentales, que no se comprende sin él. También, y esto es más importante y más íntimo, pertenece a lo intemporal y a lo eterno, por algún verso y por muchas páginas incomparables. De éstas yo destacaría las últimas del Relato de Arthur Gordon Pym de Nantucket, que es una sistemática pesadilla cuyo tema secreto es el color blanco.” [3]
Nos habla así Borges de la trascendencia de su obra en la literatura mundial, hecho que no pueden negar ni siquiera sus más acérrimos detractores, extendiéndose su influencia no sólo en lo literario sino también en otros ámbitos como la música, la pintura, el cine y el teatro. Destaca así también el final del único abordaje al género de la novela que hizo con su Narración de Arthur Gordon Pym, obra en la cual centraremos nuestro análisis.
En primera instancia debemos hablar de antecedentes de la novela. El primero que se destaca, La Balada del viejo marinero, poema escrito por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge en 1799 que en su traducción al español ha recibido diversos títulos (La balada del marinero de antaño, Balada del viejo marinero, La oda del viejo marinero). Relata la fantástica aventura de un marino durante un largo viaje en el mar. Éste se inicia con el marinero abordando a un hombre que va a un matrimonio, pidiéndole que escuche su historia. Historia que se inicia con una partida venturosa pero seguida de fuertes tormentas. El barco navega hacia el sur, llegando cerca de las costas de la Antártida. Es ahí cuando la tripulación ve a un albatros, augurio de buena suerte. Sin embargo y sin razón alguna, el marinero dispara al ave con su ballesta. La tripulación se inquieta, culpando al marino de un futuro desastre. Sin embargo, luego que el tiempo mejora y desaparece la niebla, la tripulación cambia de parecer, felicitando al marino por su acción. Navegando a la deriva y sufriendo la escasez de agua, la tripulación vuelve su ira contra el marino, castigándole a colgar en su cuello al ave como señal de culpabilidad. A su tiempo, el barco tiene un encuentro fantasmal con la muerte y la muerte-en-vida. Estas juegan a los dados la vida de la tripulación, siendo la muerte-en-vida quien gana el alma del marinero. El castigo de ver perecer a los tripulantes hace que el marino cambie de actitud y bendiga a las criaturas del mar que va encontrando. Es entonces cuando el ave que colgaba de su cuello cae liberándolo de la maldición. Después el marino es rescatado del barco varado donde se encontraba para luego ser perdonado por un ermitaño, poniéndole como penitencia el relatar su historia donde quiera que vaya.
El segundo antecedente es la leyenda de El holandés errante. Según la tradición, es un barco que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado a la distancia, incluso en ocasiones resplandece con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás. Las versiones de la leyenda son innumerables, pero la original comenzó con el capitán de un barco holandés, Willem van der Decken, un burgués que hizo un pacto con el diablo para poder surcar siempre los mares sin importar los retos naturales que pusiera Dios en su travesía. Pero Dios se entera de esto y en castigo lo condena a navegar eternamente sin rumbo y sin tocar tierra, por lo que recibe el nombre de El holandés errante.
El tercer y principal antecedente importante es el referido a los relatos de Benjamín Morrell que fue un marino y explorador estadounidense. Entre 1823 y 1831 realizó cuatro viajes de relevancia, principalmente por el océano Antártico, las islas del Pacífico y las costas orientales de América. Escribió un libro de memorias sobre sus viajes titulado Narración de cuatro viajes (1832) y, a raíz de las informaciones aportadas en esa obra, se ganó una pésima reputación como fabulador por las inexactitudes que contenía y también por la forma un tanto fantasiosa de exponer sus experiencias. Con posterioridad, se demostró que no existían muchos de los descubrimientos geográficos sobre los que informó, especialmente los realizados en la Antártida. La narración de Morrell sobre los siguientes meses de travesía por aguas del océano Antártico es muy controvertida. Sus informes sobre distancias recorridas, latitudes y descubrimientos han sido tachados de inexactos o imposibles. Dio vívidas descripciones sobre las características de la costa, observando que había abundante vida salvaje En realidad no existe tal tierra, y los avistamientos realizados en la zona se comprobaron que eran imaginarios. No se han encontrado referencias de la acogida que tuviese el libro al ser publicado, salvo el comentario del periodista y explorador Jeremiah Reynolds acerca de que en el relato de Morrell hay más poesía que verdad. Sin embargo, unos años más tarde, Edgar Allan Poe se basó en su libro (y en otros relatos de viajes por mar) para escribir en 1838 la obra de ficción la Narración de Arthur Gordon Pym.
Julio Verne sostiene que Poe “ha creado un género aparte, que sólo procede de él mismo, y del cual me parece que se ha llevado el secreto; se le podría identificar como el fundador de la escuela de lo extraño; ha hecho retroceder los límites de lo imposible; él tendrá imitadores. Éstos intentarán ir más allá, de exagerar su estilo; más de uno creerá que le sobrepasará, pero no logrará ni siquiera igualarlo.” [4]
Narración de Arthur Gordon Pym es quizás más humana que sus Historias extraordinarias y no por eso menos insólita. Poe presenta situaciones que no se encuentran en ninguna parte, y de naturaleza esencialmente dramática. Primeramente comienza por citar una carta del mencionado Gordon Pym, con el fin de probar que sus aventuras no son de ningún modo imaginarias, como se había querido hacer creer al público al firmarlas con el nombre del señor Poe; reclama en favor de su autenticidad. Desde su niñez, él tenía obsesión con los viajes, y, a pesar de cierta aventura que casi le cuesta la vida, no desistió de su propósito. En este episodio es embestido por un barco de gran tamaño, cuestión ya tomada en Manuscrito hallado en una botella. En el cuento, el protagonista sale en un barco pero una poderosa tormenta hace que zozobre sobreviviendo él solo. En medio de la tempestad ve aparecer un extraño barco gigante con aspecto antiguo que casi lo embiste. Sube a ese barco. Allí la tripulación es grande en edad y cuando los cruza parecen ignorar su presencia. El barco avanza por una zona repleta de hielos y al final llegan a un torbellino en donde se hunden en el Polo Norte a una profundidad que los llevará al mismo centro de la tierra. El protagonista cuenta todo en un manuscrito dejado en una botella.
Volvamos a la novela. Decide el personaje cierto día, en contra de la voluntad y sin el conocimiento de su familia, embarcar en el bergantín Grampus, destinado a la pesca de ballenas. Uno de sus amigos, Augustus Barnard, que formaba parte de la tripulación, debió apoyar este proyecto preparando en la bodega del barco un escondrijo donde Gordon permaneció hasta que el barco partiera. Todo se ejecuta sin dificultad, y nuestro héroe percibe pronto cómo el bergantín comienza su marcha. Pero, después de tres días de cautividad, su mente comienza a confundirse; los calambres se apoderan de sus piernas; además, sus provisiones se echan a perder; las horas pasan; Augustus no aparece; la inquietud comienza a apoderarse del prisionero. Este tema del encierro y la claustrofobia provocada por el mismo había sido abordado por Poe en cuentos como El entierro prematuro. En este relato el protagonista está obsesionado porque tiene ataques de catalepsia y cree que confundidos lo puedan enterrar vivo. Luego de uno de ellos se despierta con maderas arriba y a oscuras pensando que está enterrado pero se había dormido en una canoa y como llovía habían puesto maderas para taparla.
En la novela, Pym descubre luego que su perro Tigre, lo había seguido a bordo. Al principio lo acompañará bien pero luego por falta de agua y alimento, el perro tiene rabia; logra encerrar al animal en la caja que le servía de refugio y luego cae desvanecido. Un ruido, un susurro, su nombre a medio pronunciar, lo sacaron de su aturdimiento. Augustus estaba a su lado, acercando una botella de agua a sus labios. Le cuenta que hubo un amotinamiento de la tripulación, Augustus se había salvado gracias a la inesperada protección de un tal Peters, marinero de una fuerza prodigiosa. Después de esta terrible escena, el Grampus había continuado su ruta. Barnard le revela a Peters, la presencia a bordo de Gordon. Entonces, planean apoderarse del barco. La muerte de un marinero les ofrece bien pronto la oportunidad esperada. Gordon representará el papel de fantasma, y los conspiradores sacarán provecho del pavor causado por la aparición. La representación tuvo lugar; produjo un terror glacial, la lucha comenzó; Peters y sus dos compañeros, ayudados por Tigre, triunfan; y se quedan solos a bordo con un marinero de nombre Parker, que, al no haber perecido, se une a ellos. Pero entonces sobreviene una terrible tempestad; el barco, víctima del balanceo, se inclina sobre un costado, y la estiba desplazada por la inclinación, lo mantiene en esta terrible situación durante algún tiempo; sin embargo al fin se endereza un poco. Aquí llegan las extrañas escenas de hambre, y todos los intentos fallidos por llegar al pañol son descritos de una forma arrebatadora. En el más terrible de los sufrimientos, se produjo un incidente aterrador, muy propio del genio de Poe. Un barco es avistado por los náufragos, un gran bergantín-goleta, de aspecto holandés, pintado de negro, con un mascarón de proa llamativo y dorado, se acerca poco a poco, luego se aleja, y más tarde regresa; parece seguir un rumbo incierto. Finalmente, en una última guiñada, llega a acercarse apenas a veinte pies del Grampus. Los náufragos pueden ver su puente. Está cubierto de cadáveres. No hay a bordo un ser viviente. Solo un cuervo que se pasea por entre todos los muertos; luego, el extraño barco desaparece, llevándose consigo la incertidumbre horrible de su destino. Este episodio remite en primera instancia a la leyenda de El holandés errante, de la que ya hemos hablado, y a varios textos de Poe que toman como temática la peste como El rey peste y La máscara de la muerte roja y su célebre poema El cuervo. El rey peste transcurre en Londres en época de peste. Dos ladrones se aventuran hacia zonas abandonadas por ese motivo. Allí se encuentran con una corte compuesta por seres deformes afectados por la peste, comandados por el rey Peste I a quien reconocen como un viejo actor. Los ladrones se niegan a beber con ellos y luego de defenderse de su ataque salen por la ventana escapándose. La máscara de la muerte roja ocurre en época de peste. Un príncipe decide aislarse con su corte de la ciudad viviendo de fiesta en fiesta. Realiza así un baile de disfraces en el que aparece un desconocido vestido como la muerte roja. El príncipe intenta quitarle la máscara pero muere en el intento. Debajo de la máscara no hay nadie y la peste termina con todos.
Volvemos a la Narración. Los días siguientes los sufrimientos del hambre y de la sed se duplican, se discute fríamente acerca de emplear los recursos del canibalismo, y se tira a la suerte; la suerte estuvo contra Parker. Finalmente, el seis de agosto, después de nuevas angustias, de nuevas alternativas de esperanza fortalecidas o defraudadas, son recogidos por la goleta Jane Guy de Liverpool, al mando del capitán Guy que iba a cazar focas en los mares del Sur. En quince días llegan a las islas de Tristán de Acuña; el doce de diciembre, el capitán Guy resuelve emprender una exploración hacia el Polo.
La Jane Guy pasa el paralelo sesenta y tres, el veintiséis de diciembre, en pleno verano, y rápidamente se encuentra en el medio de los bancos de hielos. El dieciocho de enero, la tripulación pesca el cuerpo de un singular animal, evidentemente terrestre. El diecinueve de enero, es descubierta una tierra a los ochenta y tres grados de latitud; unos salvajes, de una raza desconocida, de piel de un negro azabache, vienen al encuentro de la goleta, que evidentemente toman por una criatura viviente. El capitán Guy, animado por la buena disposición de los indígenas, decide visitar el interior del país; y, acompañado de doce marineros bien armados, llega a la aldea de Klock-Klock luego de tres horas de marcha.
Gordon formaba parte de la expedición. La tripulación de la Jane Guy y los nativos se llevan bien. Un segundo viaje al interior del país es preparado; seis hombres permanecen a bordo de la goleta, y el resto se pone en marcha. El grupo, acompañado por los salvajes, se desliza entre los sinuosos y estrechos valles. Un muro de rocas elevado a una gran altura donde destacaban algunas grietas, llama la atención de Gordon. Cuando examinaba una de ellas con Peters y un tal Wilson:
“Sentí de pronto –dijo– una sacudida que no se parecía a nada que me resultara familiar, y que me provocó una vaga idea de que los cimientos de nuestro macizo globo se agrietaban de repente, y que había llegado la hora de la destrucción universal”. [5] Estaban enterrados vivos; después de recobrar el sentido, Peters y Gordon vieron que Wilson había sido aplastado; los dos infortunados se encontraban en medio de una colina sepultados por un cataclismo, pero por un cataclismo artificial; los salvajes habían derribado la montaña sobre la tripulación de la Jane Guy, todos habían perecido, excepto Peters y Gordon. Excavando un camino en la roca blanda, llegaron a una abertura por la cual vieron el país lleno de salvajes atacando la goleta que se defendía con su cañón; pero al final la goleta fue tomada, e incendiada, y pronto voló en pedazos en medio de una terrible explosión que hizo perecer a varios miles de hombres. Durante largos días, Gordon y Peters vivieron en el laberinto, alimentándose con avellanas; Gordon llegó a conocer la forma exacta del laberinto, que desembocaba en tres abismos; proporciona el dibujo de los tres en su narración, así como la reproducción de ciertas muescas que parecían haber sido grabadas sobre la piedra pómez. Después de varias tentativas sobrehumanas, Peters y Gordon consiguieron volver a la llanura; perseguidos por una vociferante horda de salvajes, felizmente llegaron hasta un bote donde un indígena se había refugiado y pudieron hacerse a la mar. Estaban, entonces, en el océano Antártico “inmenso y desolado, en una latitud más allá de los 84º, en una frágil embarcación, sin otras provisiones que tres tortugas.” [6] Hicieron una especie de vela con sus camisas; la vista de la tela afectaba singularmente a su prisionero, quien nunca se decidió a tocarla, y parecía tener horror a lo blanco; sin embargo, avanzaban siempre y llegaron a una región nueva y asombrosa. Ocurría un fenómeno más extraño aún, la temperatura del mar parecía aumentar y pronto se volvió excesiva; su tonalidad lechosa se hizo más evidente que nunca. Gordon y Peters llegaron a conocer finalmente por boca de su prisionero que la isla, teatro del desastre, se llamaba Tsatal; el pobre diablo caía presa de convulsiones cuando se le acercaba algún objeto blanco. “Estábamos casi cubiertos por el aguacero de blancas cenizas que se acumulaba sobre nosotros y sobre el bote y se fundía con el agua al tiempo que caía. La cima de la catarata se perdía completamente en la oscuridad y en el espacio. Sin embargo, era evidente que nos estábamos aproximando con una velocidad asombrosa. A intervalos, se podían ver en toda su extensión inmensas aberturas, que sólo eran momentáneas, y, a través de estas aberturas tras las cuales se agitaba un caos de imágenes flotantes y confusas, se lanzaban poderosas corrientes de aire que silenciosamente arañaban a su paso un mar inflamado.” [7] Situación similar aparece en Un descenso en el Maelstrón. El relato trata sobre unos pescadores que aprovechan la bajada de la marea para pescar donde otros no se atreven, guiándose por los horarios donde el Maelstrón no está (un especie de torbellino que hunde todo lo que pasa). Un huracán provocará que se queden más tiempo del indicado y son atrapados por el maelstrón. Haciendo cálculos el protagonista se aferra a un tonel cilíndrico y así logra que el maelstrón lo expulse.
La novela finaliza de esta forma extraordinaria: “nos precipitamos en el seno de la catarata, donde un abismo se abría para recibirnos. Pero entonces se alzó en nuestro camino una velada figura humana, de proporciones muchos más grandes que las de cualquier habitante de la Tierra. Y la piel del hombre tenía la perfecta blancura de la nieve...” [8]
La Narración se interrumpe al llegar a este punto. ¿Quién la retomará algún día? Se pregunta Julio Verne y afirma: “Alguien más audaz que yo y más resuelto a avanzar en el dominio de las cosas imposibles.” [9] Paradójicamente fue él quien escribió la continuación de esta novela bajo el título La esfinge de los hielos.
Sin embargo, es necesario creer que Gordon Pym se libró de aquella situación puesto que él mismo fue quien hizo esta extraña publicación; pero murió poco antes de haber terminado su obra. Poe parece sentirlo vivamente, y rechaza la tarea de llenar este vacío.
Narración de Arthur Gordon Pym no carece de ese elemento que distingue tanto su obra: el misterio. Sin embargo, éste, curiosamente, no se hallará sino hasta el desenlace. Mientras que la mayor parte del desarrollo de la Narración de Arthur Gordon Pym –tal vez dos tercios de la novela– carece de vitalidad y emoción, la última fracción se nos muestra como un giro increíble que rompe con la monotonía del relato para transformarse en un misterio. Este hecho ha conmovido a los estudiosos de la obra de Poe y ha promovido un largo debate en el que no se logra aún formular una respuesta. Las explicaciones son demasiado tímidas, casi ingenuas; los misterios están por descifrarse, pero jamás se logra desvelarlos; pues, al final de la Narración de Arthur Gordon Pym, Poe comienza otra historia, otro relato. Una historia que, por supuesto, jamás escribirá.
Sin embargo hay un misterio que, en el desenlace, se descifra. A saber, Poe nos señala aquello que provoca terror en los negros: temían al blanco, la ausencia de todo color que llenaba toda aquella región y al desesperado grito de Tekeli-Li, pues es el presagio nefasto de su pronta manifestación. Mas el misterio pronto volverá a cubrirnos con su manto: “una terrible visión, la última imagen de la novela, será la emersión de un gigante blanco cuyas proporciones eran mucho más grandes que las de cualquier habitante de la tierra” [10], visión aterradora que fulmina al negro Nu-Nu. ¿Quién es este ser? ¿Cuál es el origen misterioso de Nu-Nu y los otros aborígenes? ¿Qué se oculta en el miedo a lo blanco? ¿Qué nos quiso decir Edgar Allan Poe con todo esto?
Una lectura profunda de la novela centrada en aquellos signos con mayor denotación, tal vez nos señale la senda correcta de la interpretación. No cabe duda que la esencia del misterio de Narración de Arthur Gordon Pym reside en lo siguiente: el blanco como fuente de terror. He aquí el elemento que hace de esta obra algo más que una simple novela. Veremos, entonces, el significado del blanco en el código de Poe y en su novela. Pero antes debemos conocer el significado de este no-color. Negro y Blanco son expresiones de lo No Manifestado y de lo Manifestado, respectivamente. Sin embargo, esta regla tiene excepciones y, a veces, nos encontramos en la situación inversa; o sea, donde el negro corresponde a lo Manifestado y el blanco a lo No Manifestado. La Antártida, según nuestro Juicio, sería uno de estos casos excepcionales. El blanco polar es lo No Manifestado, el velo que esconde el Secreto. El blanco, al significar lo indefinido representa, en definitiva, lo misterioso por antonomasia. Y de allí viene el miedo que el blanco provoca en nosotros, pues no hallamos indefensos ante un velo misterioso que oculta otros misterios.
Volviendo a la obra de Poe, recordaremos que el blanco causa el miedo de los habitantes de Tsalal, isla cercana a la Antártica, ocupada por indígenas de piel negra. No importa si se trata de un simple pañuelo blanco o de un inofensivo polvillo blanco, lo que sea, la reacción de horror de los negros no tardaba en llegar. En la página final de la tragedia de Pym leemos: “Muchos pájaros gigantescos, de una blancura fantasmal, volaban continuamente viniendo de más allá del velo blanco, y su grito, mientras se perdían de vista, era el eterno Tekeli-li.” [11] Este acontecimiento causará la muerte de Nu-Nu, el habitante de Tsalal, el prisionero de Pym. El terrible Tekeli-li! de las aves, es imitado por los indios cada vez que se hallan ante la presencia del blanco o cuando están muy próximos a su poderosa influencia. Ellos anunciarán el último terror para los negros: vendrá figurado en Gigante Blanco. Se especula que su gusto por la narrativa del miedo nace con las historia que escuchaba de los esclavos en la cocina de su casa cuando era un niño: “Y esos temores le habían inculcado los negros y negras esclavos de su tutor, en los relatos de aparecidos que constantemente tenían en la boca, y que el niño Edgar iba a escuchar en la cocina.” [12] Incluso se asegura que la influencia narrativa de los negros sobre Poe es aún mayor pues la musicalidad de su composición literaria –los ritmos, complicados y llenos de matices– es, en cierta forma, una imitación de los cánticos de los esclavos. Sea o no cierto, es importante considerar estas opiniones como hipótesis, las cuales pueden ayudarnos a arrojar luces en el caso Poe.
Desde su publicación en 1838 y hasta principios del siglo XX, los análisis sobre la Narración indagaron temas relativos a su forma narrativa. En consecuencia, la obra fue definida como una historia fraudulenta, una bitácora de viajes ultramarinos, el relato novelado de un hecho real o literatura de exploración. El acercamiento de Poe a su propia Narración enfatiza un tratamiento narrativo que no es del todo claro ni concluyente respecto a sus límites ficticios. En este sentido, la complejidad de la novela no sólo deriva de las fisuras narrativas, sino que también de su propia ambigüedad debido a la combinación de tipos de texto que exhibe. En cuanto a la trama, ésta trata sobre las vicisitudes que el joven Pym encuentra en su travesía hacia los mares del sur a bordo del bergantín Grampus en junio de 1827. El Capítulo IV, por ejemplo, presenta abundantes referencias navieras en lenguaje altamente técnico haciéndonos olvidar que leemos una novela de aventuras. Un efecto similar produce el Capítulo XVI, esta vez con la acabada descripción de islas cercanas al Cabo de Buena Esperanza. ¿Leemos una bitácora, una crónica, un recuento técnico-científico? Narración adopta las convenciones estilísticas y retóricas propias de otros textos y, por momentos, deja de ser lo que es. La nota introductoria a La Narración ilustra el cuestionamiento deliberado de los niveles de ficción y realidad. Al explicar las circunstancias que originan el relato, Arthur Gordon Pym menciona la intención del señor Poe de narrar su travesía: “Luego me propuso que le dejase contar, con sus propias palabras, una narración sobre la primera parte de mis aventuras, alimentada con hechos que yo mismo le suministraría, para publicarla en el Southern Messenger haciéndola pasar por ficción. Consentí, sólo estipulando que mi nombre real no se diese a conocer.” [13]
Con el propósito de crear un tono pseudo-verosímil, Poe hace que su personaje Pym se refiera a la publicación del relato en los siguientes términos: “Dos números de esta supuesta ficción aparecieron, en consecuencia, en el 'Messenger' de enero y febrero (1837), y, a fin de que realmente pareciera una ficción, se incluyó el nombre del señor Poe en la tabla de contenidos de la revista” [14]. De este modo, Poe transforma deliberadamente su ficción, Narración de Arthur Gordon Pym, en la historia real de Pym. Dicha transformación, sin embargo, estará sujeta a la ilusión momentánea de creer que leemos un hecho verídico.
Además de las mencionadas, existen otras razones que explican la inclinación de Poe hacia un relato ambiguo y la anulación de su rol como autor. Al leer la nota introductoria a Narración, nos preguntamos sobre la motivación que impulsa a Poe a atribuir la articulación de su relato al testimonio de un Arthur Gordon Pym ficticio. Como he venido sugiriendo, la respuesta debe tomar en cuenta el juego de la ficción dentro de la ficción generada por el autor.
Este distanciamiento que Poe asumió respecto de Narración también lo explica el hecho que, al escribir su primera novela, el autor se alejaba de los principios básicos que él mismo formuló en relación a la comunicación de verdad artística: brevedad y unidad de efecto. Estos conceptos constituirán el argumento central del ensayo El principio poético de 1848. De este modo, tanto la longitud como la secuencia fracturada de eventos en Narración contradecían en la práctica las teorías artísticas del autor. Esta contradicción involuntaria respecto de El principio poético estuvo inducida por aspectos pecuniarios que pesaron fuertemente sobre el autor. La frágil e inestable situación económica de Poe es una marca constante a lo largo de su carrera literaria, hecho que se agudiza en 1836 al contraer matrimonio con su prima Virginia Clemm. Debido a que le demandan la creación de una historia atrayente para aumentar la circulación de la revista en la que trabajaba, el autor accede a popularizar el relato, satisfaciendo así tanto a los editores como a un público ansioso de aventuras y exotismo.
Para los lectores crédulos o complacientes, la vertiginosa sucesión de aventuras que Poe entreteje representa uno de los mayores aciertos del relato. Es el apetito persistente por lo bizarro e inusual el que Poe, muy a su pesar, se ve en la obligación de satisfacer. El pasaje que cito a continuación es una muestra clara de la inclusión de este tipo de elementos. En el Capítulo XII, después que Parker es apuñalado en la espalda, tanto Peters, su ejecutor, como Pym proceden a alimentarse de la víctima. El tratamiento formal del episodio, expresado en el tono naturalista de la descripción del comportamiento antropófago, recrea en términos sobrecogedores una experiencia que el propio narrador califica de indecible.
Como ya se mencionó anteriormente, la crítica, a pesar de las divergencias en planteamiento y perspectiva, ha concordado en calificar el final abrupto de Narración como un error estructural imperdonable. Hecho agravado por el supuesto cuidado que caracteriza el manejo ficticio de las obras de Poe. Sin embargo, el término de la narración sin una resolución formal refleja la utilización sistemática de recursos por parte del autor. De este modo, Poe manipula el relato con el fin de propiciar actos interpretativos divergentes dependiendo de la competencia del lector.
Por un lado Poe hace que Pym se enfrente a una aparición inescrutable cuya presencia es precedida por una serie de fenómenos atmosféricos en el paisaje polar. La desnaturalización del paisaje, sugerida ya en la progresión del viaje hacia los mares del sur en el Capítulo XIV, alcanza con la aparición de la figura blanca su mayor fuerza. Es probable que el final de la narración deje al lector crédulo, aquel cuya lectura se ha centrado en el nivel ficticio de la novela, en un estado de asombro y perplejidad. Aún, así, sus expectativas en cuanto al relato de aventuras extraordinarias se han cumplido.
Por otro, Poe utiliza la aparición de la figura blanca como un mecanismo que aludiría al carácter inconcluso de los textos. Es evidente que a la última nota en el diario de Pym le falta algo. Tal como está, la nota parece ser la mera introducción a uno de los eventos más intrigantes de La Narración: “Y ahora nos dirigíamos al encuentro de la catarata, donde un abismo se abría para recibirnos. Pero entre nosotros se interpuso una figura humana envuelta en un velo, de proporciones muchísimo mayores que las de cualquier mortal. Y la tonalidad de la piel de la figura era de la perfecta blancura de la nieve” [15]
En la nota final del editor esperamos encontrar, si no una explicación detallada, por lo menos conjeturas sobre la aparición de la figura. Cuando leemos: “La pérdida de los dos últimos o tres capítulos (ya que existían sólo dos o tres) es un hecho que lamentamos profundamente" [16] de inmediato pensamos que el valor de la pérdida se debe a la imposibilidad de conocer el origen de la figura. A continuación, sin embargo, el editor nos informa que el valor de dicha pérdida se debe a que estos capítulos “contenían información relativa al Polo, o a las regiones próximas a él.” [17] La significación de la figura, por lo tanto, es un asunto que el propio lector deberá dilucidar.
Según Cortázar, “la obra posee el doble valor de un libro de aventuras lleno de episodios "vividos" y a la vez de una corriente subterránea evasiva y extraña, un trasfondo que cabría considerar alegórico o simbólico, de no tener presente la tendencia contraria del autor, y sus explícitas referencias en este sentido.” [18] Por la constante “tendencia al Sur” que se observa en la trama, en Narración de Arthur Gordon Pym se hace patente la fuerte autoconciencia sudista de su autor; también se transparenta una cierta dosis de racismo hacia los negros.
Poe trató de lograr el estilo “plausible y verosímil” que admiraba en Robinson Crusoe y se documentó astutamente mediante mapas, cuadernos de bitácora, crónicas e informes marineros. La obra no puede evitar ser receptáculo de la obsesión claustrofóbica del autor, que se encarna incluso en el marco del océano abierto; en cuanto a su final, para Cortázar “si Poe hubiese sido más un alegórico que un materialista, estaríamos tentados de contemplar la salvación de Pym en términos teológicos.” [19]
Poe dejó inacabada otra novela de aventuras: El diario de Julius Rodman, aparecida en la revista Burton's Gentleman's Magazine por entregas. Solo salieron las seis primeras, de enero a junio de 1840. En esta obra se narra un viaje ficticio a las Montañas Rocosas en tiempos de la conquista del Oeste, temática que sería muy frecuentada por la literatura estadounidense.
Howard P. Lovecraft sentía auténtica veneración por esta obra, cosa que se echa de ver en su pieza más larga, de parecida extensión: En las montañas de la locura, la cual se encuentra anegada, de principio a fin, por citas extraídas de Narración de Arthur Gordon Pym.
En las montañas de la locura es una novela del escritor estadounidense H. P. Lovecraft, escrita en 1931 y publicada por primera vez en 1936 en tres números de la revista Astounding Stories. Es también un claro homenaje a su, probablemente, más grande influencia Edgar Allan Poe. Las montañas de la locura sería la continuación de la novela inconclusa Narración de Arthur Gordon Pym. Su argumento es el siguiente. Un grupo de científicos de la Universidad de Miskatonic viaja a la Antártida para realizar diversos estudios y experimentos con una barrena en busca de material geológico. Se inicia la expedición desde Boston, Estados Unidos, el 2 de septiembre de 1930 y llega a la Isla de Ross. Mientras parte de ellos se queda en el campamento base, otros parten en una especie de avanzadilla hacia el interior del continente. Por radio comunican al campo base que han hecho un descubrimiento extraordinario: encontraron enterrados fósiles de unos seres que no saben si clasificar como animales o vegetales y que son curiosamente avanzados y evolucionados con extremidades en forma de estrella con puntos cerca de ellos que pareciese ser un código. Los perros no soportaban a esas extrañas criaturas; ladran como si aquellas criaturas fueran malévolas. Descubren también una cadena montañosa que rebasa en talla al Himalaya y lo que les pareció unos cubos en la cima de las montañas más altas. La gente del campo base se entusiasma con ese descubrimiento y decide trasladarse al campamento. Pero una tormenta corta la transmisión y no les permite irse pronto, y a la vez retrasa la llegada del segundo grupo al lugar de los hechos. Por dos días no saben nada de ese campamento. Cuando cesa la tormenta, pueden ir a explorar y ver si sus colegas están bien. Una vez allí, se dan cuenta de que las tormentas ahí son mucho mayores a lo que son en el campo base; encuentran todo el campamento destruido y a los científicos muertos. Revisan la casa de campaña donde habían estado haciendo los experimentos sobre las criaturas descubiertas y se dan cuenta de que hay en la mesa instrumentos recién usados y sangre y restos humanos. También se dan cuenta de que habían desaparecido un hombre y un perro, atribuyen a la locura del hombre faltante el que todos los perros y humanos estén muertos. Pero encuentran los seis cuerpos extraños enterrados en peor estado, y sobre ellos la misma serie de puntos que había en la cueva donde los descubrieron y los otros ocho cuerpos que se habían conservado en buen estado habían desaparecido. El protagonista y otro personaje deciden ir detrás de las montañas y encuentran una ciudad en ruinas al pie de éstas y se enteran a través de “jeroglíficos” de esa raza que los seres extraños eran realmente los Antiguos y de que no todos habían muerto. Dos científicos logran huir del lugar, uno es el propio narrador y el otro es un alumno que a causa de lo vivido pierde la cordura.
Su también admirador Julio Verne, por su parte, escribió una secuela: La esfinge de los hielos. La novela de Julio Verne es publicada en la segunda serie de la Magazine de ilustración y recreo desde el 1º de enero (volumen 5, número 49) hasta el 15 de diciembre de 1897 (volumen 6, número 72), y como libro el 24 de junio de ese mismo año. Trata de la búsqueda del desaparecido Pym en el polo Sur. Es la continuación de Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe (1838), en un rendido homenaje de uno de sus discípulos y admiradores. Jeorgling, un enigmático y extraño estadounidense se encuentra en las islas Kerguelen realizando estudios que sólo él conoce. Al finalizar, busca regresar a los Estados Unidos por el medio que sea. El único barco que pasa por la zona es comandado por el capitán Ley Guy, el cual se niega a llevarlo de vuelta a Tristán de Acuña o a otra isla. Sin embargo, el hecho de que Joergling sea de Connecticut, cerca de donde vivió el famoso Pym, hace cambiar de idea al capitán. El viaje de la "Halbrane" comienza sin sobresaltos, pero después chocan con un bloque de hielo en el que el cuerpo de un sobreviviente de la "Jane Patterson" avisa de la existencia de sobrevivientes en la isla Tsalal, entre ellos el capitán del barco, William Guy, que es hermano del de la "Halbrane". Esta nave es reforzada para ir en busca de los sobrevivientes, y se contrata a nuevos marinos, entre ellos a un extraño mestizo de nombre Hunt. Siguiendo el itinerario trazado por Pym, los personajes parecen destinados a ir fatalmente al Polo Sur. Hunt resulta ser un sobreviviente del viaje de Arthur Gordon Pym: el mestizo Dick Peters. Como en la novela de Poe, se produce una rebelión que se ve ferozmente acentuada al chocar el navío contra un iceberg tras haber pasado por las islas Aurora y haber observado los hundidos restos de la isla Tsalal. Tras el choque contra el iceberg, algunos de los amotinados escapan en un bote salvavidas. Los héroes logran escapar en una especie de paracota abandonada por los nativos siguiendo la corriente, y una fuerza misteriosa lleva a ambos grupos hacia algún enigmático lugar en el Polo Sur. El punto de atracción y de enigma es una gran isla montañosa con un aspecto que recuerda al de una esfinge. Tal isla es en realidad un colosal imán que atrae todo metal con hierro, y por eso provoca el desclavado y hundimiento de las naves. Allí, en ese punto, se encuentra el cadáver de Arthur Gordon Pym, quien fue arrastrado hasta el imán por llevar un fusil en la espalda. En ese punto, Dick Peters muere al encontrar a su fiel compañero. Esta novela es la continuación de Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, a pesar de que, anteriormente, en el estudio biográfico Edgar Poe y sus obras (abril de 1864), Verne hace mención de lo inconcluso de la historia y él mismo se pregunta: “¿quién será tan osado como para continuarla?” [20] Treinta y tres años después, sería él mismo quien la continuase. A diferencia de Poe, en La esfinge de los hielos Verne buscaría un desenlace lógico y científico a la esfinge y al misterio de las islas Tsalal. Verne logra darle lógica con el polo magnético de la isla. A pesar de estas referencias, Verne presenta una historia bastante creíble, muy sencilla de leer y con un desenlace que deja satisfechos a los lectores de ambos autores.

Conclusión
Narración de Arthur Gordon Pym es una novela singular por muchos motivos. Hay crudos elementos en ella que invitan a la especulación y a la polémica: sanguinarias escenas de violencia, de cadáveres en descomposición, incluso de canibalismo, todas ellas, según era propio en el autor, muy bien dibujadas y llenas de detalles escabrosos. En una sociedad pacata y puritana como la suya, es llamativo que Poe se atreviera a llegar literariamente tan lejos con sus obsesiones.
Ante el cúmulo de conocimientos de viajes y de detalles técnicos marineros que surgen en el relato, la crítica se ha preguntado con frecuencia dónde pudo el autor obtenerlos, dado el caso de que el único viaje de importancia que emprendió fuera de su país ocurrió en su niñez, con su familia adoptiva, en dirección a Inglaterra. Del mismo modo se ha señalado la coincidencia entre las entonaciones del nombre del personaje y del propio Poe. En cuanto al sombrío y prodigioso desenlace de la obra, se trata de uno de los más enigmáticos que se recuerdan en la historia de la literatura.
Si bien la crítica fue demasiado dura con él como poeta, justo es reconocer su valor para las letras universales. Según su admirador H. P. Lovecraft, Poe inició un camino en la literatura, “fue el primero en darles ejemplo y enseñar un arte que sus sucesores, con el camino abierto y con su guía, pudieron desarrollar mucho más. Pese a sus limitaciones, Poe realizó lo que nadie había realizado o podía haber realizado, y a él debemos la novela de horror moderna en su estado final y perfecto.” [21] Sobre la fuerza de las imágenes de Poe, añadió: “De esta manera los espectros de Poe adquirieron una malignidad harto convincente que no poseían los de ninguno de sus antecesores y fundó un nuevo modelo de realismo en los anales del horror literario”. [22]
Poe tenía una visión instintiva de lo que podía atraer y mantener la atención de un público lector recién formado. Comprendía las virtudes de la brevedad y de la unidad del efecto; se daba cuenta de la necesidad del sensacionalismo y de explotar las “modas pasajeras”. A lo largo de su vida a menudo fue tachado de mero “revistero”; pero esta actividad arriesgada y mal retribuida sería el detonante de su genio.
Como hemos observado en el trabajo realizado Edgar Allan Poe no se quedó estancado en un solo género o forma. Escribió poesía, ensayo, crítica y narrativa. Se destacó en el cuento pero no se quedó estancado en una forma efectista de los mismos, sino que dentro del género experimento con éxito diferentes formas del mismo. Llamativo es el caso de esta novela que hemos analizado que aparentemente parece ir en contra de los principios por el expuestos en su poética de concisión. Seguramente Poe escribe la novela guiado por influencias de sus editores y con la esperanza de lograr fama y la seguridad económica que siempre le fueron esquivas. Seguramente no es de lo mejor que escribió el escritor, sin embargo tuvo la fuerza de trascender su contenido en obras de grandes autores como Julio Verne y Howard Philip Lovecraft, autores que a la vez son precursores de infinidad de autores que los siguieron en temáticas y estilo.
Jorge Luis Borges escribió en 1949 que “la neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror” [23] y también agrega sobre él “indisolublemente pertenece a la historia de las letras occidentales, que no se comprende sin él. También, y esto es más importante y más íntimo, pertenece a lo intemporal y a lo eterno, por algún verso y por muchas páginas incomparables.” [24]
Rubén Darío, en su libro Los raros, calificó a Poe como “príncipe de los poetas malditos”. Añadió: “La influencia de Poe en el arte universal ha sido suficientemente honda y trascendente para que su nombre y su obra sean a la continua recordados.” [25]
Uno de los grandes conocedores del autor, Julio Cortázar, subraya en la obra de Poe un rasgo esencial: “De la totalidad de elementos que integran su obra, sea poesía, sean cuentos, la noción de anormalidad se destaca con violencia. A veces es un idealismo angélico, una visión asexual de mujeres radiantes y benéficas; a veces esas mismas mujeres incitan al entierro en vida o a la profanación de una tumba, y el halo angélico se cambia por un aura de misterio, de enfermedad fatal, de revelación inexpresable; a veces hay un festín de caníbales en un barco a la deriva, un globo que atraviesa el Atlántico en cinco días, o la llegada a la Luna después de asombrosas experiencias. Pero nada, diurno o nocturno, feliz o desgraciado, es normal en el sentido corriente, que incluso aplicamos a las anormalidades vulgares que nos rodean y nos dominan y que ya casi no consideramos como tales. Lo anormal, en Poe, pertenece siempre a la gran especie.” [26]
Pese a no ser el género en que más se destacó, Edgar Allan Poe con su Narración de Arthur Gordon Pym, continúa siendo faro de una literatura occidental que no puede despegarse, felizmente, de su sombra rectora. Cerramos nuestro trabajo con el consejo para los escritores del famoso escritor uruguayo: “Cree en un maestro-Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov- como en Dios mismo.” [27]
Amén.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS
[1] POE, Edgar Allan. Cuentos completos. Traducción de Julio Cortázar. España, Editorial Edhasa, 2009, p. 10.
[2] POE, Edgar Allan. Ensayos y crítica. Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 24.
[3] BORGES, Jorge Luis. Edgar Allan Poe. Publicado en La Nación (Buenos Aires). Domingo 2 de octubre de 1949, Segunda sección, p. 1.
[4] VERNE, Julio. Edgar Allan Poe y sus obras. Barcelona, Biblioteca Popular Salvador Bayani, s/f, p. 12.
[5] POE, Edgar Allan. Narración de Arthur Gordon Pym. España, Editorial Edaf, 2005, p. 63.
[6] Ibid., p. 84.
[7] Ibid., p. 101.
[8] Ibíd., p. 106.
[9] VERNE, Julio. Edgar Allan Poe y sus obras. Ob. cit., p. 16.
[10] POE, Edgar Allan. Narración de Arthur Gordon Pym. Ob. cit., p. 126.
[11] Ibíd., p. 140.
[12] CORTÁZAR, Julio. Obra crítica 2, “Vida de Edgar Allan Poe”. Madrid, Alfaguara, 1994, p. 42.
[13] POE, Edgar Allan. Narración de Arthur Gordon Pym. Ob. cit., p. 153.
[14] Ibid., p. 162.
[15] Ibid., p. 170.
[16] Ibid., p. 190.
[17] Ibíd., p. 196.
[18] CORTÁZAR, Julio. Obra crítica 2, “Vida de Edgar Allan Poe”. Ob. cit., p. 12.
[19] Ibíd., p 16.
[20] VERNE, Julio. Edgar Allan Poe y sus obras. Ob. cit., p. 22.
[21] LOVECRAFT, Howard Philip. Necronomicom II, Ensayo “El horror sobrenatural en la literatura”. Barcelona, Barral, 1973. p.22.
[22] Ibid., p 24.
[23] BORGES, Jorge Luis. Edgar Allan Poe. Ob. cit., p. 1.
[24] Ibíd., p. 1.
[25] DARÍO, Rubén. Los raros. Buenos Aires, Editorial Losada, 1994, p.4.
[26] CORTÁZAR, Julio. Obra crítica 2, “Vida de Edgar Allan Poe”. Ob. cit., p. 122.
[27] QUIROGA, Horacio. Decálogo del perfecto cuentista, p. 1.


BIBLIOGRAFÍA
BORGES, Jorge Luis. Edgar Allan Poe. Publicado en La Nación (Buenos Aires). Domingo 2 de octubre de 1949, Segunda sección.
COLERIDGE, Samuel Taylor. La canción del viejo marinero, Traducción de Karina A. Maccio, febrero 2001.
CORTÁZAR, Julio. Obra crítica 2, “Vida de Edgar Allan Poe”. Madrid, Alfaguara, 1994.
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LOVECRAFT, Howard Philip y otros. Los mitos de Cthulhu, Estudio preliminar de Rafael Llopis. Madrid, Alianza Editorial., 1981.
LOVECRAFT, Howard Philip. En las montañas de la locura. Madrid, Alianza Editorial., 1986.
LOVECRAFT, Howard Philip. Necronomicom II, Ensayo “El horror sobrenatural en la literatura”. Barcelona, Barral, 1973.
MORREL, Benjamín. Narración de cuatro viajes (1832)
POE, Edgar Allan. Narración de Arthur Gordon Pym. España, Editorial Edaf, 2005
POE, Edgar Allan. Cuentos completos, Traducción de Julio Cortázar. España, Editorial Edhasa, 2009.
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POE, Edgar Allan. El cuervo y otros poemas. Madrid, Alianza Editorial, 1990.
POE, Edgar Allan. Poemas, prólogo de Rubén Darío. Sevilla, Publicaciones de Aula de Letras, 2012.
QUIROGA, Horacio. Decálogo del perfecto cuentista.
STOPPELMAN, Gabriela. Edgar Allan Poe para principiantes, Ilustraciones de Jorge Hardmeier. Buenos Aires, Editorial Era Naciente, 1999.
VERNE, Julio. La esfinge de los hielos. Nota preliminar de Jorge Sánchez. Madrid, Edicomunicaciones, 1996.
VERNE, Julio. Edgar Allan Poe y sus obras. Barcelona, Biblioteca Popular Salvador Bayani, s/f.


EDGAR ALLAN POE (Boston, 19/1/1809 – Baltimore, 7/10/1849, Estados Unidos). Periodista, poeta, narrador y ensayista, está considerado como uno de los creadores del cuento moderno.
Sobre este autor y su obra puede leerse más en nuestras revistas:
REALIDADES Y FICCIONES Nº 2 (octubre de 2010)
y
REALIDADES Y FICCIONES Nº 11 (Diciembre de 2012)



Ensayo

LA CREACIÓN LITERARIA UNA FORMA PERSONAL DE COMUNICACIÓN
Pablo Cassi ©


El arte y en especial la literatura como formas del comportamiento humano, han sido una constante a través del tiempo. La creación literaria de un poeta o de un escritor, por lo general, obedece más bien a una forma personal de comunicación con su prójimo inevitable y con todo aquello que frecuentemente lo sobrepasa. Este sino que lo acompaña como una sombra implacable, lo obliga muchas veces a sustentar una visión pesimista de nuestra sociedad.
No obstante lo anterior, apareció de pronto el triunfo de ciertos discursos unívocos, la práctica abierta del sofisma por parte de los profesionales de la retórica, lo que conllevó de manera irremediable a que la función que cumple la literatura, fuera en cierta medida dejada de lado y reemplazada en las conciencias de la mayoría de los individuos por la idea del entretenimiento o la mera diversión, la que se ha instalado cómodamente en el alma de la ciudadanía.
Entonces el acto creativo de un autor dejó de ser importante para una gran masa de lectores y por ende para el mercado del libro y así fue que el mundo de las letras perdió en forma gradual cada vez nuevos espacios en su propio ámbito, un ámbito que posteriormente con la invención de la imprenta a fines del siglo XV, permitió que millones de individuos tuvieran acceso a la más amplia gama de conocimientos en áreas tan disímiles como la historia, la filosofía, la medicina, las matemáticas, las ciencias políticas, el arte y los diferentes acontecimientos bélicos que fueron marcando la historia de la humanidad. Esta verdadera revolución intelectual trajo como consecuencia el surgimiento de nueva formas de vida y la aparición de un individuo más crítico con respecto a las antiguas estructuras imperantes, las que sólo estuvieron reservadas a un reducido grupo social, mientras la gran mayoría de la humanidad permanecía en el más absoluto oscurantismo.
Como consecuencia de este fenómeno aparecieron posteriormente diversas comunidades, muchas de ellas integradas por escritores, poetas, historiadores, filósofos y dramaturgos, a los que se suman los artistas de la plástica, quienes desde su particular óptica entregaron una visión subjetiva, otras en exceso fatalista o la narración casi fotográfica de aquellos acontecimientos que sucedían en círculos o estamentos sociales más bien reducidos.
Las urbes en ese entonces eran habitadas principalmente por la aristocracia y una emergente clase burguesa, la que en forma paulatina fue ganando espacios, principalmente en el ámbito de la industria y del comercio, generando de esta manera un poder económico, el que posteriormente les permitió acceder a las universidades y en forma paralela a la creación de movimientos políticos, los que no tardaron en generar espacios propicios y una decidida participación en el campo de la administración territorial de un determinado Estado.
Si bien es cierto que durante este largo período aparecieron importantes y señeras figuras en muchas de las disciplinas intelectuales y artístico-culturales, la humanidad experimentó su primer gran cambio con la revolución industrial, la que nace como una necesidad para satisfacer la gran demanda de alimentos, vestuarios, viviendas, medicina y además de una extensa nómina de bienes de consumo. Sin duda que este hecho histórico modificó muchas de las estructuras sociales existentes, en la que los grandes perdedores fueron irremediablemente los artistas y los escritores.
La clase social política imperante, manejada en ese entonces por la aristocracia y la burguesía, también experimentaron cambios profundos en sus estructuras. Lo que hasta ayer para este segmento aristocrático constituía una vida apacible y bucólica, rodeada de escultores, músicos, poetas y pintores, más bien adicta a una insaciable vida social, a lo que se sumaba los permanentes viajes por alrededor del planeta, de manera inesperada debió enfrentar los desafíos de su propio tiempo, una sociedad que cambia en ciento ochenta grados y que trae como corolario profundas transformaciones socioeconómicas, especialmente en el campo de la producción industrial y por ende en la optimización de los procesos agrícolas.
Sin duda alguna y en la medida que la revolución industrial fue perfeccionando sus técnicas, el lucro se instauró como una premisa, trayendo consigo un desmesurado interés por aquellos bienes materiales, dejando de lado aquellas expresiones espirituales que antaño habían ocupado un lugar de privilegio en la antigua Europa. Estos profundos cambios que beneficiaron a un número considerable de hombres y mujeres, también admite en su interpretación innumerables versiones, las que van desde la creación de laboratorios para el estudio científico de ciertas enfermedades, para las cuales no existían fármacos adecuados, al mejoramiento de los sistemas de urbanización y la aplicación generalizada de un sistema educacional basado en la cultura occidental cristiana.
En la medida que nuestra sociedad occidental alcanzaba sus mayores logros económicos, paralelo a este fenómeno se genera la aparente inutilidad del oficio de los artistas, especialmente de los escritores, quienes comienzan a ser vistos como entes catalizadores de un disturbio subterráneo, una clase que no vacila en denunciar a través de sus obras un cierto grado de descontento. Esta situación incomoda a esta nueva sociedad, la que opta por relegarlos en forma paulatina a un segundo plano y posteriormente expulsarlos de la reciente república del consumismo y del exitismo.
De acuerdo a este nuevo orden imperante, producto del surgimiento de las grandes economías de mediados del siglo XX, éstas se transforman en verdaderos monopolios para las incipientes economías de América Latina las que mostraban al igual que hoy grandes diferencias, especialmente carentes de motivaciones espirituales y de proyectos que fuesen más allá de lo inmediato y perecedero. A la postre con estos cambios los únicos y grandes perdedores fueron los autores de textos literarios. En la medida que un segmento de la sociedad alcanza un alto nivel económico producto del desarrollo técnico y científico, ésta adopta una postura pragmática y economicista. A juicio de los estudiosos de los mercados competitivos, ésta no requiere para su normal funcionamiento la inclusión de poetas, pintores, músicos, escultores etc. Los grandes problemas por los que atraviesan los países llamados en “vías de desarrollo”, un eufemismo para obviar la denominación de naciones o estados subdesarrollados, no se soluciona con nuevas promociones de escritores o intelectuales o el fomento de la cultura en sus más diversas expresiones. Lo que aquí se requiere, según los economistas, es mano de obra altamente calificada, es decir hombres-máquinas que sean capaces de elevar los índices de producción y así poder competir en los mercados de Europa, Asia, Oceanía y Estados Unidos, sin importar mayormente que el día de mañana el alerce o la araucaria de Chile sean nada más que un hermoso recuerdo de la zona sur del país más austral del planeta.
Enfrentado a esta penosa realidad el auténtico escritor se ha planteado con insistencia y de manera conjetural, una redefinición de su rol dentro de esta sociedad convulsa de las que no pocos autores han estado ausentes. No olvidemos que en una visita a nuestro país el novelista peruano Mario Vargas Llosa, frustrado candidato a la presidencia de Perú, hace ya más de una década, argumentó lo siguiente “La pérdida de la identidad de los pueblos de América Latina se inicia a partir de la aceptación de pseudas expresiones culturales, provenientes de países industrializados. La drogadicción que atraviesa transversalmente a nuestra sociedad, sumada a la industria de la pornografía, la que se sitúa en el cuarto lugar, a pasos de un alcoholismo desenfrenado en vastos sectores socioeconómicos de nuestra juventud, hoy a nadie escandalizan. A lo anterior podemos agregar que un joven cantante de origen negro, elevado a la cima de la popularidad y con millones de seguidores en los cuatro puntos cardinales, requerido por un tribunal de los Estados Unidos por prácticas de pedofilia fue declarado inocente, no obstante que hubo pruebas más que suficientes para culparlo de este tipo de delitos. Este pseudo ídolo goza de inmunidad diplomática para transgredir todas las normas de la ética y de la conducta humana. Una pregunta no se hace esperar: ¿Por qué en el país de las oportunidades, el que se dice ser respetuoso de los derechos ciudadanos y de su propia constitución y de sus leyes que castigan severamente este tipo de transgresiones, opere de una manera distinta para unos y para otros?”
Junto al siempre acechante negativismo humano hacia las más nobles expresiones espirituales y el ilusionismo palabrero de las diferentes corrientes del pensamiento sean éstas políticas, religiosas o filosóficas, ciertamente que tanto los escritores como los intelectuales y los artistas son alcanzados también por tales panaceas. La tentación propagandística no tarda en producirse y una avalancha de elogios se enseñorea satisfecha en el espíritu de quienes buscan en esta vocación permanentes dividendos. El hedonismo cada día gana nuevos espacios, el lema es: "Se vive sólo una vez". Lamentablemente esta situación no ha estado ajena a quienes trabajan tanto en el ámbito literario como en otras expresiones del arte, enlodando el prestigio y la trayectoria de muchos autores y artistas que han sido consecuentes con su forma de pensamiento y que difícilmente podrían traicionar una vocación a la que han dedicado gran parte de su vida.
Deseo antes de concluir estas ideas invitar a todos los hombres de buenas costumbres, a defender lo más íntimo de cada ser humano, lo que se inicia a partir con el descubrimiento del lenguaje y sus significados porque las palabras también pueden modificar ciertas conductas equívocas y alzar banderas de lucha: el amor al prójimo, a la tierra que nos vio nacer, el vasto horizonte de nuestra infancia mientras la noche oscurece el cielo para recordarnos que somos nada más que simples peregrinos que vamos de un lugar a otro en búsqueda de la palabra perdida, aquella que nos podría identificar a la hora del encuentro. Cada vez que nos reunimos en un lugar del planeta tácitamente aceptamos que la tarea del escritor requiere ser escuchada con atención, comparada con otros oficios de la misma naturaleza y aceptarla como una actitud que hemos heredado de nuestros antepasados, quienes jamás fijaron fronteras geográficas, características raciales o de otra índole que no fuera entregar un mensaje capaz de inducirnos que la vida está siempre más allá de lo que podemos percibir y de esta manera desafiar el contumaz olvido que a diario nos desalienta.
Estar aquí significa aceptar que la palabra no es un objeto que se pueda emplear de manera irresponsable y con absoluta impunidad, más allá de la propia óptica personal, la que por muy valedera que parezca ser no amerita que el lenguaje se transforme en un arma mortal. A todos los autores de alguna manera u otra los vincula un cierto grado de fraternidad en aquellos afanes que son comunes al hombre sensible, a ése que es capaz de empatizar con el mensaje de los demás. Este acto de comprensión requiere de una capacidad de amar a su prójimo inevitable y a su vez, otorgarle la posibilidad de encontrar puntos de unión que le permitan despojarse del fanatismo, la intolerancia y el resentimiento social, el que a veces suele aflorar en ciertos autores y artistas más bien como una forma de desequilibrio psicológico.
Como en todo orden de oficios y responsabilidades, la primera condición del escritor para realizar su trabajo es hacerlo bien. Conseguirlo quizás le llevará probablemente toda la vida. El escritor nace y se hace cada día, porque debe comprender que escribir es dedicar su tiempo más valioso a recoger, expresar, comunicar, soñar, a querer y a no querer a todos los verbos inexcusables que forjan con o sin su permiso, la difícil cotidianidad, cualquiera sea ésta y en el lugar en el que se encuentre, es decir alma y cuerpo de todos los días, de todos los momentos y en todos los lugares porque la vida de un autor no es una fórmula mágica, ni los componentes de ésta se encuentran en un recetario.
Ser recreador con la palabra significa hacerse cargo de una variada gama de interrelaciones y asumir un rol pacificador dentro de una sociedad que aún no sale del todo de la barbarie. Su vida ni muy distinta ni muy distante de las de otros, se forja de nostalgias y sueños, de concordias y desacuerdos, de amores y desamores que no podría, si no acoger como materia vital de su propia experiencia, porque la poesía o la narrativa no son adornos barrocos, trasnochados y ojerosos, ni panfletos políticos usados impunemente para captar a posibles incautos en periodos electorales, ni menos tontería solemne, empalagosa, ni un atrevido simplismo de rimas consonantes, sensibleras o de palabras usadas hasta el cansancio para denunciar lo que todos ya conocemos.
Sin negarles por cierto el derecho a existir a estas pseudas formas de la creación literaria, afirmamos que ninguna de ellas corresponde a la verdadera literatura porque ella detenta sin arrogancias esa intransferible misión de custodiar la riqueza de ser hombres, en la exactitud de la existencia cotidiana, allí donde se revela el auténtico drama humano.
Y una pregunta no se hace esperar ¿Hasta dónde se extiende el poder de la palabra? ¿Qué zonas limita o intenta poblar? La respuesta depende de ese factor decisivo que se denomina talento, pero que también exige trabajo, consciencia, inspiración y quizás años de espera para que uno o más individuos lo reconozcan entre sus iguales. Mi convicción personal se basa en la creencia de un ser superior cuya denominación tiene diferentes nombres y lenguajes. Cada cual es libre de otorgarle la divinidad que crea que más lo interpreta. Este ser superior que para algunos tiene rostro conocido, otros lo identifican de una manera diferente: la energía que fluye en el universo y que permite la existencia de quienes habitamos en este planeta.
Cualesquiera sea la creencia personal, el don que posee un artista o un escritor proviene de una clave genética que ni los propios autores son capaces de identificar. Ellos muchas veces atribuyen que ésta es una mera casualidad. En el arte no existen las casualidades si no la causalidad, es decir que todo es causa y efecto y por ello no canta el que tiene ganas sino el que sabe cantar. La virtud o el descalabro corren por nuestra cuenta, así lo han entendido la mayoría de los escritores que abrazan este oficio como un desafío. Ellos están conscientes que, enfrentados a la difícil disyuntiva que es dar a conocer públicamente sus primeras creaciones, han sido fieles a su consciencia y a sus propias limitaciones de simples mortales, sobrepasando a la vanidad y a la complacencia del aplauso barato, tan en boga en estos días. Ellos creen en su oficio, sabiendo que el triunfo definitivo no se alcanza a partir de las autosuficiencias individuales porque han comprendido que este oficio es un trabajo permanente, donde cada día se concurre para aprender y no imponer erradas convicciones, carentes de fundamentos netamente literarios. La tarea de todo recreador se labra en el sentido más hondo y amplio de la persona, que su responsabilidad no es únicamente no mentir sino atreverse con lo verdadero y lo imperfecto, ya que escribimos en gran medida porque algo nos falta o porque algo nos sobra.
Hoy sin embargo percibimos una cierta disociación en la vida estética de muchos autores, una dicotomía entre la permisividad y la franca decadencia por la que atraviesa nuestra sociedad y de la cual sólo sobrevivirán aquellos que han abrazado al arte y la poesía como una expresión cotidiana.
La revaloración del trabajo creativo ganará nuevos espacios en el corazón del conglomerado humano cuando existan autores comprometidos en fomentar un interés real por el arte y la cultura en sus más diversas expresiones. A menudo el discurso actual es aquel que habla de una sociedad creadora, capaz de utilizar la imaginación para construir nuevos mundos a partir de la palabra o del color, pero vemos con cierta decepción que estas expresiones espirituales no están incluidas en la nómina de aquellas necesidades fundamentales que requiere un artista para sentirse partícipe de esta sociedad y así colaborar con su mensaje para construir un mundo más equitativo, tolerante y solidario.
La psicología social encargada de estudiar este tipo de fenómenos expresa que la literatura refleja la época que se vive, las orientaciones que ha recibido, los impulsos individuales producto de las diferentes percepciones que cada autor capta del entorno, la afectividad expresada de indistintas maneras, y que en fin de cuentas todas ellas se reflejan en quienes se sienten interlocutores válidos en este proceso existencial, él que sin duda ayudará a mejorar la calidad de vida del individuo.
No deseo concluir esta breve reflexión en torno a la creación literaria como una forma personal de comunicación o de la utilidad de la poesía, si ésta aún podría calificarse como útil en una sociedad tan deshumanizada como la nuestra, sin antes manifestar que no reconozco obligaciones temáticas de ninguna índole, sí una paciente labor que se traduzca a través del tiempo en un abrazo fraternal y solidario, mayor a toda la soledad existente que nos invade y quizás por esto pienso en tu soledad y luego agrego mi cariño a todos quienes se identifican con esta forma de vida.



Y algo más…
VIDAS DE NOVELA
Daniel Abelenda © (texto)
Lucero Balcázar © (ilustraciones)

Daniel Abelenda

“Constancy of purpose is the key to success” (Coleridge) *

Lo que solemos llamar “la personalidad de un escritor”, es en realidad, la fuerza de voluntad y el carácter que ha demostrado éste para producir y mostrar su obra.Es que no alcanza con ser talentoso. Luego de escribir un buen libro, hay que hallar un editor o una editorial dispuesta a publicarlo y promocionarlo. El famoso marketing
Lucero Balcázar

Muchos promisorios escritores han quedado por el camino al no encontrar los socios y canales adecuados. Así, envían esperanzados sus originales a una editorial –o a varias–, y al no recibir respuesta alguna, claudican.
En estas líneas me propongo rescatar los casos exitosos, los de aquellos autores que se han ganado su lugar en el Parnaso, pagando para ello, diversos precios –desde limpiar baños en una escuela, como Stephen King, hasta tener que desechar un capítulo entero para que le publicaran su novela, Anthony Burguess.
En todos los casos, resaltan la perseverancia de estos hombres y mujeres y una fe inquebrantable en que sus obras eran buenas y merecían llegar al gran público.
Paradigmático caso ha sido el de la hoy multimillonaria J.K. Rowling, quien peregrinó por varias editoriales londinenses con su mago adolescente antes de hallar editora, ¡en un pequeño sello que sólo publicaba poesía! Se supo luego que hubo despidos varios en las primeras…
Espero, entonces, que además de entretenerlos, estas historias infundan ánimo y alimenten la esperanza en todo escritor –o escritora– de triunfar con su arte.
Daniel Abelenda
Carmelo, Uruguay, marzo 2012.

* “La constancia en los propósitos es la clave del éxito.”


Hondo Macondo por Lucero Balcázar
1. GARCÍA MARQUEZ EN N.Y.C.

“Estoy terminando una novela, larga y compleja, en la cual tengo cifradas mis mayores esperanzas.” (G.G.M. en carta a un amigo, 1966).
New York City, febrero de 1967: Gabriel García Márquez ha terminado de mecanografiar las 500 páginas de Cien años de soledad.En el pequeño apartamento que alquilan junto con su esposa Mercedes hace frío (es el invierno boreal). Viven allí desde 1961, donde Gabriel trabaja como corresponsal de la agencia de noticias cubana Prensa Latina; gana poco, pero le queda tiempo para crear. En los últimos dieciocho meses, ha estado escribiendo “como un ferrocarril” (según dijera luego) la versión final de una saga familiar que le ha estado rondado la cabeza desde hace años –y que originalmente el autor tituló “La casa”.
La pareja acaba de empeñar la única estufa que tenían para conseguir algunos dólares con los cuales enviar los originales a Buenos Aires.
En esa ciudad, un visionario editor de Sudamericana le ha prometido publicarla a la brevedad. Confía en el talento de “Gabo”, hasta entonces un periodista de diarios colombianos, corresponsal en Europa, ex guionista de cine y TV con su amigo Carlos Fuentes cuando viviera en México D.F.
Desde hace unos años, García Márquez se ha volcado decididamente a la ficción. Ha logrado publicar (aunque no ganar dinero) varias decenas de cuentos y algunas novelas breves que han recibido excelente crítica: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de la mama grande (1962), La mala hora (1962), y que le han valido el Premio Nacional de Literatura en Colombia (1965).
Ya está considerado dentro de la élite latinoamericana –junto con Vargas Llosa, Carpentier, Fuentes, Donoso, Rulfo, Onetti– aunque sus obras no llegan al gran público.
El “Boom” aún no ha estallado. En esos años, una tirada de 5.000 ejemplares, que se vendiera en un año, era considerada un éxito editorial.
Ya en la oficina de correos, un nervioso García Márquez entrega el paquete (¡no había email, claro!) al funcionario que lo pesa y le dice el costo del franqueo, “Gabo” no lo puede creer: rebusca en sus flacos bolsillo pero los dólares no le alcanzan.
Entonces, el empleado le sugiere que haga dos paquetes; el escritor accede, y en el apuro –y la frustración– del momento, termina enviando LA SEGUNDA PARTE
De ello se da cuenta al regresar al apartamento. Mercedes le dice que no se preocupe, que luego enviarán el resto.
Afortunadamente, el paquete arriba a destino, y el editor la lee. Fascinado, se da cuenta que tiene oro y esmeraldas de Colombia en sus manos (enseguida le envía un giro al escritor a N.Y.C. para que mande el resto) y se pone a trabajar en la edición.
Así, el 30 de mayo de 1967, y luego de discutir con Gabo sobre la famosa tapa del galeón encallado en la selva, Cien años de soledad sale a la venta en la capital porteña.
Los primeros 8.000 ejemplares volaron en pocas semanas; hubo que hacer varias ediciones más, con números impensados para la época: en los tres años siguientes, ¡se vendieron 500.000 libros y se tradujo a 37 idiomas!
La “gran novela sudamericana” (el mismo nombre de la editorial, ¿casualidad?) había sido escrita y su autor se haría famoso en los años siguientes.
Enrique Amorim por Lucero Balcázar


2. AMORIM, BORGES Y EL FÚTBOL

La relación entre los escritores y el más popular de los deportes ha sido muy variada. Desde el rechazo del intelectual “puro”, por considerarlo un pasatiempo alienante de las masas, hasta la pasión de los escritores más “populares”.Y en el medio, el acercamiento cauteloso de quienes lo jugaron de niños o de jóvenes en el baldío, y luego, ya como escritores adultos, lo recrean cariñosamente en sus cuentos o novelas (Mario Benedetti, por ejemplo).
Existen algunos casos paradigmáticos. Así, el Nobel (1957) argelino-francés, Albert Camus, fue un gran golero en el “Argel Universitario”, al punto que le ofrecieron hacerse profesional. Dijo una vez: “mis dos universidades de la vida fueron el teatro y el fútbol.”
Borges y sus espejos
por Lucero Balcázar
Otros amantes del balompié fueron los argentinos. Osvaldo Soriano –un antológico cuento suyo revive en una góndola de supermercado un gol de Sanfilipo, quien patea latas de conserva para ejemplificar cómo “la puso en un ángulo”. El dibujante y humorista Jorge Fontanarrosa cuenta, en “La observación de los pájaros”, el delirio de un hincha que no se atreve a encender la radio para seguir una final –que ocurre en una cancha cercana a su casa– y trata de adivinar el resultado por los gritos que escucha y las banderas de los autos o motos que pasan.
En el otro extremo, Jorge Luis Borges (eterno candidato al Nobel), prototipo del “hombre de letras”, lo despreciaba: “Son veintidós tipos corriendo atrás de una pelota” –declaró en 1978, cuando Argentina acababa de ganar su primer Campeonato Mundial en Buenos Aires.
En sus creaciones, el fútbol o sus protagonistas no aparecen nunca; y parece una decisión acertada: no se debería escribir sobre algo que no se conoce.
Una de las pocas veces (tal vez la única) que Borges fue a un estadio, lo hizo acompañado de su amigo Enrique Amorim (Salto, 1900-1960): fue en la capital argentina y se enfrentaba esa selección con la uruguaya –un encuentro clásico, el más antiguo del mundo entre selecciones (data de 1915) y que desde entonces genera gran rivalidad.
Aquella tarde de los años ‘40, Amorim y Borges se sentaron en la tribuna y se dispusieron a presenciar el juego inventado por unos profesores de la Universidad de Rugby, Inglaterra, en un lejano 1863.
Hubo goles en la primera etapa. Los hinchas “normales” no entendieron nada cuando Enrique y Jorge Luis se felicitaron mutuamente por los que ¡convertía el equipo del otro!
Y seguramente se hubieran infartado, de haber visto a estos dos señoritos, trajeados, retirarse del estadio al término de los primeros 45 minutos, pues ¡no sabían que había un segundo tiempo!

Nota:
Se indica a continuación el ÍNDICE de autores de que trata “VIDAS DE NOVELA”:
1. García Márquez
2. Amorim y Borges
3. Mario Benedetti
4. Arlt y Onetti
5. Anthony Burguess
6. Conan Doyle
7. Mario Arregui
8. Delgado Aparain
9. Stephen King
10. Osvaldo Soriano
11. Alejandra Pizarnik
12. Corín Tellado
13. Cortázar-Felisberto
14. J. J. Morosoli
15. J.D. Salinger
16. Charles Bukowski
17. Silvina Bullrich
18. Flannery O’Connor
19. Ernest Hemingway
20. Vargas Llosa



Nuevos colaboradores

RENEÉ ACOSTA

Poeta, filósofa y ensayista mexicana. Nació en México D.F. en 1976 pero es chihuahuense por adopción. Vive en Chihuahua desde 1982.

Publicaciones
• El jardín del vértigo. Ed. Azar. Chihuahua, 1999.
• Milésima de segundo por la muerte de Pablo Ochoa. Ed. Chihuahua Arde, 2003.
• Moebius. Fondo Editorial de Tierra Adentro. Conaculta, 2006.
• El sentido de las horas. Colecc. Flor de arena. Editorial. UACH, 2008.
• Metafísica del ojo. Ediciones Solar. ICHICULT, 2012.
• La holomúsica de esferas. Ediciones Poetazos, 2013 (pendiente).

Premios
Premio Agustín Melgar de la Juventud en áreas artísticas. Gobierno del Estado de Chihuahua 2002.
Concurso latinoamericano de publicación “Los ángeles también cantan”. Casa del poeta Peruano 2006.
Mención honorífica del premio Estatal de la Juventud 2006.
Graduada con Honores en la carrera de Filosofía de la Universidad Autónoma de Chihuahua por trayectoria artística 2007.
Concurso de publicaciones de la UACH 2007-2008.
Premio a la mujer chihuahuense destacada con la presea María Edmée Alvarez 2009 en el área de Literatura.
Medalla José Saramago de la ASOLAPO Internacional 2009.
Becaria del FONCA jóvenes creadores 2009-2010.
Premio Internacional Gabriela Mistral de la Universidad de Chile 2011, por el poemario “El sentido de las horas”.
Premio AMMPE 2011 en la categoría profesional en el área de ensayo literario por el ensayo “Crítica óntica a una estética cuántica”.
Becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes David Alfaro Siqueiros 2012 por “Teofanía mineral”.
Premio del programa de publicaciones del ICHICULT 2012 por “Metafísica del ojo”.
Premio Internacional de poesía experimental de la Fundación Ateneo Montjiuc 2012 por “Dispersión Simultánea”.
Becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes David Alfaro Siqueiros 2013 por el proyecto de poesía Rusiware Categoría creador con Trayectoria.
Premio de Estímulos PACMYC 2012 para la creación de la página web Muki Ra´ichari. 2012-2013.
Mención honorífica en el Premio Estatal de crónica urbana Francisco R. Almada 2013.



MARCOS RODRIGO RAMOS

Nació en Morón (Provincia de Buenos Aires), Argentina, en 1969. Es docente de escuela primaria y profesor en Lengua y Literatura. Fundó la revista “Letras Rojas de Moreno” de la que fue director. Colaboró con cuentos, poesías y ensayos en las revistas “Mapuche”, “Redes de papel”, “Las letras”, “Polígono de cuentistas y poetas”, “Oestiario”, “Palabras más”, “Amaru”, “La avispa”, “Castelar nuestro lugar”, diario La Ciudad de Avellaneda y diferentes publicaciones en Internet. En 2011 obtuvo el primer premio del concurso “Palabra de Maestro” organizado por la DGCyE de Buenos Aires, consistente en la publicación de cuentos de docentes de la provincia. Logró el segundo premio en el concurso Redes de Papel (2005), una tercera mención en el Concurso Revista Crepúsculo (2010), una mención en el Concurso Literario Municipalidad de Avellaneda (2010) y el primer premio en el I Concurso Literario de la revista “Castelar nuestro lugar” (2011). Es músico y se desempeña como bajista de la banda Morel. Actualmente está realizando la Licenciatura en Letras.



PABLO CASSI

Nacido en Putaendo, Chile, en 1951, es escritor y periodista. Reside en San Felipe. Se ha desempeñado como editor, director y comentarista de más de veinte publicaciones literarias desde 1979 a la fecha.

Libros publicados
Surco y presencia, antología de poesía y cuento, Santiago, 1977.
Para un peregrino distante, poemas, Santiago, 1979.
Cuando se aproximan los sábados y otros cuentos, San Felipe, 1984.
Íntimo desorden, poemas, San Felipe, 1984.
• Secreta convicción, poemas, San Felipe, 1986.
Poemas para un niño con sonrisa de primavera, San Felipe, 1987 (declarado material didáctico complementario en la educación chilena para la enseñanza de castellano a nivel básico por el Ministerio de Educación).
Tu prójimo inevitable, poemas, San Felipe, 1989.
La espantosa virginidad de las feas y otras historias, cuentos, Santiago 1993.
Veinte años de poesía, antología, San Felipe, 1995.
El amor se declara culpable, poemario, San Felipe, 2009.

Premios
Ha obtenido más de treinta premios y distinciones literarias, entre los que se destaca el Premio Municipal de Literatura de Santiago de Chile en la categoría Poesía, 1985, por su obra “Íntimo desorden”.

Para una lectura detallada de los premios, menciones y distinciones obtenidas por este escritor, así como de las publicaciones que dirigió, editó o fue articulista puede consultarse: http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Cassi



DANIEL ABELENDA

Nacido en 1962 en Salto, Uruguay, ha vivido desde 1970 en el Departamento de Colonia, donde se inició muy joven (15 años) en el periodismo escrito y fue también corresponsal de medios de Montevideo. En 1980 ganó una beca (A.F.S.) a los Estados Unidos para perfeccionar sus estudios de inglés. En 1982 se diplomó con honores como Profesor del Instituto Anglo-Uruguayo, habiendo ejercido la docencia en centros de educación media por más de dos décadas. Fue profesor de inglés en cursos para niños, jóvenes y profesionales en la Filial Rosario de ORT durante tres años.
Asimismo, cursó la Licenciatura de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Sociales y fue profesor adjunto de Ciencia Política e Historia de las ideas en la Facultad de Derecho (UDELAR).
Su obra publicada incluye ensayos históricos, diarios de viaje, cuentos, novelas y poesías. Entre estos, destacamos: “Secretos de estado” (novela), ganadora de una Mención en los Premios Anuales de Literatura del MEC de Uruguay (2003). Por “Manodepiedra y otros relatos” fue finalista del Certamen Nacional de Narrativa de la Intendencia de Montevideo (2004). “El profesor” (cuento corto) fue ganador del concurso de la RevistaLa Voz de la Arena” (2005). Obtuvo una Mención Especial en el concurso de ensayo para periodistas de la Organización de Prensa del Interior y la Embajada de Estados Unidos en Uruguay (2006). Fue coordinador de Talleres de Narrativa y Poesía en el Museo-Archivo del Carmen y la Casa de la Cultura de Carmelo (2004-2010).
Con el sello Abrace de Roberto Bianchi (Montevideo-Brasilia) ha publicado varios cuentos y poemas (2007-2010). La editorial De los cuatro vientos, de Buenos Aires, publicó un cuento suyo, “Poncho Cantón”, en 2008. Más información en el Registro Nacional de Escritores de la B.N. (MEC-DNL).
Actualmente, es columnista del Semanario “El municipio” (Carmelo) y colaborador del boletín digital cultural “La rueda de Carro” (Colonia del Sacramento).



LUCERO BALCÁZAR

México D.F. Poeta y Caricaturista, Miembro de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, publica en www.lapiztoladigital.com.mx/index.php?lpzgwe=3 diez poemarios publicados de 1993 a 2013. Sus cuentos, ensayos, poemas y extractos de novelas han sido editados en setenta y una antologías en México, Cuba, Argentina, Colombia, Nicaragua, Costa rica, España, Chile, Venezuela, Perú, Bolivia y recientemente traducida al portugués en Brasil.
Directora de la Casa del Poeta Enrique González Rojo Arthur. Diplomada como Promotora Cultural por parte del Ministerio de Cultura de la República de Cuba, 2003-2007.

Premios
Primer lugar en Poesía CREA 1985 – zona noreste. En 1999 gana el primer lugar como editora de Vientos Alisios, publicación del taller Alicia Trueba-Elena Poniatowska. Becaria Letras FOCAEM 2009. Tercer lugar en Poesía Temática, Premio Nacional Tinta Nueva. Editora de La Piel del Alebrije, Puro Cuento – Capítulo La Habana, Cuba, el cartel Huevo de Poesía.

Facebook: Lucero Balcázar Caricaturista Poeta



REALIDADES Y FICCIONES
–Revista Literaria–
Nº 16 – Marzo de 2014 – Año V
ISSN 2250-4281
Exp. 5129843 Dirección Nacional del Derecho de Autor

Propietario y Director: Héctor R. Zabala
Av. Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina


Héctor Zabala (dirección y narrativa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
(currículo en http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/ - Suplemento Nº 56)


Colaboradores

Luis Benítez (poesía)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
(currículo en http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/ - Suplemento Nº 22)

Agustín Romano (ensayo)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Noelia Barchuk
correctora

Noelia Natalia Barchuk Löwer (corrección general)
Resistencia (Chaco), Argentina
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 13)


Tomás Stefanovics
Montevideo, Uruguay – Münich, Alemania
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 7)

Gustavo Flores Quelopana
Lima, Perú
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 8)

María Isabel Amor Illanes
Las Condes (Santiago), Chile
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 9)

Liliana Lapadula
San Martín (Pcia. Buenos Aires), Argentina
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 9)

Agustín Arosteguy
Balcarce (Pcia. Buenos Aires), Argentina - Bilbao (País Vasco), España
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 10)

Francisco Angulo Lafuente
Madrid, España
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 10)

Anna Rossell
Barcelona (Cataluña), España
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 11)

Felipe Acuña Lang
Santiago, Chile
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 11)

María del Carmen Castañeda Hernández
Tijuana (Baja California), México
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 12)

Santiago Sevilla Vallejo
Madrid, España
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 12)

Lidia Morales Benito
Salamanca (Castilla y León), España
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 13)

Patricia Eguiguren E.
Quito, Ecuador
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 14)

María Amelia Díaz
Castelar (Pcia. Buenos Aires), Argentina
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 15)

Vivina Perla Salvetti
Porlamar (Isla de Margarita, Nueva Esparta), Venezuela - Villa Ballester (Pcia. Buenos Aires), Argentina
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 15)

Reneé Acosta
Chihuahua (Chihuahua), México
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 16)

Marcos Rodrigo Ramos
Moreno (Pcia. Buenos Aires), Argentina
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 16)

Pablo Cassi
San Felipe (V Región), Chile
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 16)

Daniel Abelenda
Carmelo (Colonia), Uruguay
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 16)

Lucero Balcázar
México D.F., México
(currículo en Realidades y Ficciones Nº 16)

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